Lionel Messi y Cristiano Ronaldo alcanzarán un récord de seis Mundiales cada uno este 2026 en Norteamérica, pero en unos años el torneo podría ser más recordado como el primero de Lamine Yamal.
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De jugar en la plaza de Mataró, ubicada unos 40 km al norte de Barcelona, hasta los mayores escenarios del futbol mundial, el ascenso de este joven de 18 años ha sido meteórico.

Su tío Abdul Nasraoui solía tener una pequeña réplica del trofeo de la Copa del Mundo en su panadería en Rocafonda, diciendo que era para cuando su sobrino lo ganara; lo tenía incluso antes de que Yamal debutara con España, porque sabía que algo especial estaba por venir.
Muchos en Rocafonda aseguran que también lo sabían, pero lo importante para el Barcelona es que fue Jordi Roura quien llegó primero.
Alertados sobre la calidad de Yamal, el entonces responsable del fútbol formativo del Barça y su estrecho colaborador Aureli Altimira se interesaron en el jugador.
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Futbol de calle
En medio del inevitable caos de un partido de prueba de benjamines, Lamine ya destacaba. "Estábamos allí con Aureli y al principio, pues, no sé, le vimos con una pinta rara, así un poco enclenque, andaba un poco raro y dijimos 'hostia, a ver qué...'", explica Roura a la AFP.
Había cerca de 20 niños de siete u ocho años corriendo todos detrás de la pelota, "pero es verdad que Lamine hacía alguna cosa... a veces en vez de ir detrás del balón, se separaba, esperaba, buscaba la zurda, ejecutaba muy rápido", añadió Roura.

El pequeño Lamine destacaba por una cualidad pulida en la calle, donde si no mueves los pies rápido para sortear rivales, acabas en el suelo: el regate.
"Es verdad que se entrena, que se mejora, lo que tú quieras, pero quizás es la acción técnica más innata", explica Roura. "Él lo tenía, fintaba, hacía cosas que dices: hostia...", agregó con asombro el técnico español.
Tenía algo especial y consiguieron su fichaje tras unas negociaciones rápidas con su padre marroquí, Mounir Nasraoui, y su madre ecuatoguineana, Sheila Ebana.
Era un niño tranquilo, incluso tímido, al que le encantaba jugar al fútbol y que pasaba mucho tiempo con su abuela paterna, Fátima, la primera en llegar a España en 1990 desde Tánger, Marruecos, para luego ir trayendo a sus hijos.

Fátima se instaló en Rocafonda y allí sigue hasta hoy, aunque Mounir, tras ser apuñalado durante una pelea en 2024, se ha mudado desde entonces al barrio de Sarrià, en Barcelona.
Después de que sus padres se separaran cuando tenía tres años, Lamine también vivió con Sheila en La Roca del Vallès. Pero el barrio de Rocafonda siempre fue su hogar.
Celebración con homenaje
La joven estrella blaugrana homenajea estos orígenes haciendo con las manos el número 304, las últimas cifras del código postal del barrio mataronés, en cada gol que marca.
Rocafonda tiene mala fama por la delincuencia y la pobreza, pero ahora es famoso por ser el lugar del que salió la estrella.
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En el barrio se siguen jugando partidos frente a un mural de Yamal pintado en 2025.
"Son esos raros jugadores que en la élite hacen lo mismo o más de lo que hacían cuando eran infantiles", señala Roura, antes de sentenciar: "Son jugadores especiales".
"Es un jugador que disfruta jugando y que creo que ya incluso de pequeñito cuanto mayor era el reto, cuanta más dificultad tenía un partido, más le gustaba", dice el exjugador del Barcelona.
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Sin límites
No todo el mundo tiene la precisión del "ídolo" y el "ejemplo", como lo describen los jóvenes que esperan para jugar.
En la cancha, el balón sale por encima de la valla que separa la pista de la calle, pero uno de los jugadores logra recuperarlo antes de que desaparezca calle abajo.
De no ser por esa interceptación, quizá habría pasado rodando junto al bar cercano que dirige el tío de Lamine, "Familia LY 304", desde que dejó la panadería.
En una estantería detrás de la barra sigue su réplica del trofeo y el sueño de Abdul, apenas tres años después de que Lamine debutara como profesional con solo 15 años, podría hacerse realidad muy rápido.
Yamal estudiaba para sus exámenes durante la carrera de España hacia la gloria en la Eurocopa de 2024, donde captó la atención del mundo con un gol sensacional desde afuera del área contra Francia, una imagen inmortalizada en una de las paredes del bar, donde también cuelgan camisetas firmadas.
Casi tres décadas después de llegar desde Marruecos, Abdul sigue atendiendo a sus clientes en el bar.
"Ojalá, ojalá", dice mientras limpia la barra al ser cuestionado por la posibilidad de que Lamine lleve el auténtico trofeo a Rocafonda.



