En 1994, Brasil estaba obsesionado con una sola misión: volver a ganar un Mundial después de 24 años de sequía. Y en medio de toda esa presión, había un jugador que cargaba prácticamente con las esperanzas de un país entero: Romario.
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Pero justo antes de viajar al Mundial de Estados Unidos ocurrió algo totalmente inesperado. El padre del delantero brasileño, Edevair de Souza Faria, fue secuestrado en Río de Janeiro y el caso se convirtió en un auténtico caos nacional.

Lo más increíble es que esta historia terminó mezclando amenazas, narcotráfico, policías, teorías de conspiración y hasta cerveza fría durante el cautiverio.
El secuestro que paralizó a Brasil antes del Mundial
La noche del 2 de mayo de 1994, Edevair de Souza Faria salió de su bar en Vila da Penha, un barrio de Río de Janeiro, y fue interceptado por hombres armados.
En un inicio, la familia intentó manejar el tema con discreción para negociar en privado, pero la noticia se filtró rápidamente y explotó en los medios brasileños. En cuestión de horas, el secuestro del papá de Romario ya era el tema más comentado del país.
Y entonces llegó el momento que hizo todavía más grande el escándalo. Desde España, donde jugaba para el FC Barcelona, Romario lanzó una advertencia que puso nervioso a todo Brasil: si su padre no aparecía, no jugaría el Mundial.
La extraña ayuda del crimen organizado
Aquí es donde la historia se vuelve todavía más surrealista. Según varias versiones que circularon en Brasil, el hermano menor de Romario buscó ayuda en integrantes del Comando Vermelho, una de las facciones criminales más poderosas de Río. ¿Por qué un grupo criminal ayudaría en un secuestro? La respuesta era bastante simple: el caso había provocado tanta presión policial y militar que el negocio del narcotráfico en varias favelas estaba prácticamente paralizado. Nadie quería ese nivel de atención encima.
Así que, supuestamente, varios criminales comenzaron a buscar a los secuestradores para resolver el problema lo más rápido posible. Literalmente, el secuestro del papá de Romario estaba afectando a medio Río de Janeiro.
Después de varios días de tensión, la policía encontró a Edevair en una casa humilde en Nova Iguaçu y logró rescatarlo sano y salvo. Pero lo más raro vino después. Según contó el propio padre de Romario, durante el secuestro no fue maltratado. De hecho, aseguró que recibió un trato bastante amable por parte de quienes lo cuidaban.
Durante esos días pudo comer bife con papas fritas, tomar cerveza y hasta ver partidos de futbol por televisión, incluyendo encuentros donde jugaba su hijo con el Barcelona.

Sí, el rehén del caso más famoso de Brasil estaba viendo futbol tranquilamente mientras el país entero entraba en pánico.
La situación fue tan extraña que incluso se dijo que Edevair llegó a simpatizar con algunas de las personas que participaban en el cautiverio.
Tiempo después, una de las mujeres detenidas cambió su declaración y aseguró que todo había sido organizado por personas cercanas a la familia de Romario. La teoría apuntaba a un supuesto "autosecuestro" para presionar económicamente a dirigentes del futbol brasileño.
Las autoridades incluso llegaron a considerar esa posibilidad, sobre todo porque las condiciones del cautiverio parecían demasiado cómodas para un secuestro millonario.
Sin embargo, nunca aparecieron pruebas definitivas que confirmaran esa versión y el caso quedó oficialmente cerrado como un secuestro real.



