Las elevadas temperaturas que afectan al país obligan a pescadores a navegar más lejos y con más gastos.
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Las altas temperaturas que afectan a Guatemala, además de estar impactando a los agricultores, también están golpeando a pescadores artesanales, pues el calentamiento de las aguas en los océanos Pacífico y Atlántico ha derivado escasez de pesca y desestabilización económica en las familias que viven de este oficio en las zonas costeras.
Un ejemplo es lo que está sucediendo en Iztapa, Escuintla, donde la Asociación de Pescadores Artesanales Buena Vista, que aglutina a más de 300 miembros, asegura que las altas temperaturas en las aguas del mar y la actividad sísmica que persiste en el Pacífico, ha hecho que los bancos de peces se alejen a mayores profundidades en busca de aguas frías.
Dicho alejamiento obliga a que las flotas de pescadores viajen más lejos, lo que incrementa el consumo de combustible y los costos operativos, informó Katya Torres, vicepresidenta de dicha asociación.
Byron Isidro González, capitán con 15 años de experiencia al mando de la embarcación "Benjamín", personifica la dura realidad de quienes desafían al océano Pacífico todos los días.
Explica que una salida estándar de dos noches mar adentro requiere una inversión no menor de 600 quetzales, indispensable para abastecerse de comida, hielo para la conservación del pescado y, principalmente, el combustible necesario para los motores de la embarcación.
Indica que las ganancias de la tripulación dependen directamente del volumen de pescado que logren capturar y vender; sin embargo, lamenta que en la actualidad los ingresos apenas alcanzan para cubrir costos operativos mínimos, dejando sin margen de ganancia real tanto a los tripulantes como al dueño de la lancha.

Caída
"Desde hace semanas, los pescadores artesanales están regresando con apenas uno o dos quintales de pescado, mientras que en las mejores épocas lo hacían con cinco a ocho quintales", explicó Fredy Hernández, tesorero de la asociación Buena Vista.
Según Carlos Reynoso, otro pescador con 33 años de experiencia y propietario de tres embarcaciones, la situación tiene desanimados a los pescadores quienes suelen arriesgarse desde dos noches hasta 15 días en el mar, dependiendo de la especie de pescado que buscan.

Inestabilidad de precios
La crisis climática y la inestabilidad de precios ahogan la economía de los pescadores, porque al no poder vender directamente al consumidor, se ven forzados a negociar con intermediarios para no perder toda su producción, y es cuando los revendedores pagan tarifas injustas.
Por ejemplo, la libra de curvina cae de Q12 a Q10 y el cachaco baja de Q7 a Q5, aunque finalmente los intermediarios revenden el producto en el mercado cobrando un mínimo de Q20 por libra, precio que se dispara aún más cuando hay escasez de pesca, dieron a conocer los afectados.



