El embajador de Israel acreditado en Guatemala, Alon Lavi, compartió con Soy502 una columna de opinión sobre la conmemoración de Yom Kippur, el Día del Perdón.
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Hay días que invitan a detener el ruido del mundo. Yom Kippur, el Día del Perdón, que conmemoramos este lunes, es uno de ellos. En la tradición judía es el día más solemne del año: una jornada dedicada al ayuno, la oración, la introspección y, especialmente, al arrepentimiento y la reconciliación.
Pero Yom Kippur puede hablarnos incluso más allá de la práctica religiosa. Nos plantea una pregunta profundamente humana: ¿qué hacemos con las ofensas que hemos recibido y con aquellas que nosotros mismos hemos causado?
La tradición judía no presenta el perdón como un simple sentimiento. Lo vincula con un proceso de reconocimiento, arrepentimiento, reparación y transformación.
El significado de Yom Kippur
Yom Kippur aparece establecido en la Torá como un día de profunda aflicción y expiación. En Levítico 16:29-30 se establece que el pueblo debe observar este día para ser purificado y reconciliado delante de Dios.
Como parte indispensable de este proceso, la tradición establece un ayuno absoluto de 25 horas, que incluye la abstención total de comida y agua. Este ayuno estricto busca desconectar temporalmente a la persona de las necesidades físicas del cuerpo para permitir una concentración absoluta en la elevación espiritual, la reflexión sincera y el significado profundo de la jornada.
La palabra hebrea kippur está relacionada con la idea de expiación. Por eso, Yom Kippur no es simplemente un día para sentirse culpable por los errores del pasado. Es una oportunidad para detenerse, reconocer aquello que debe cambiar y comenzar nuevamente.
En la liturgia de Yom Kippur ocupa un lugar central la confesión de los pecados, tradicionalmente expresada en plural. Esto resulta significativo: la persona no se limita a señalar las faltas de los demás, sino que participa de una reflexión colectiva sobre la responsabilidad humana.
Valores y arrepentimiento
Uno de los conceptos fundamentales relacionados con Yom Kippur es teshuvá, que suele traducirse como "arrepentimiento", pero cuyo sentido literal está relacionado con "retorno" o "regreso". Una persona puede haberse alejado de sus valores, haber herido a alguien o haber tomado una decisión equivocada y, sin embargo, tiene la posibilidad de regresar.
El Talmud, en el tratado de Yoma 85b, desarrolla esta enseñanza al distinguir entre las transgresiones entre el ser humano y Dios y aquellas cometidas contra otra persona. De acuerdo con la tradición judía, Dios no perdona las faltas cometidas entre seres humanos a menos que la persona haya buscado primero el perdón directamente de aquel a quien perjudicó u ofendió.
Esta enseñanza tiene una consecuencia ética extraordinariamente actual: no podemos utilizar la religión para evitar nuestra responsabilidad frente a quienes hemos herido.
Vivimos en una época en la que las ofensas se multiplican con facilidad. Una frase puede convertirse en una pelea; una diferencia puede transformarse en enemistad; un error puede quedar registrado indefinidamente. Por eso, la enseñanza de Yom Kippur conserva una extraordinaria vigencia.
Antes de preguntar quién tiene la culpa, podríamos preguntarnos: ¿qué parte de responsabilidad me corresponde?
Antes de exigir una disculpa, podríamos preguntarnos: ¿a quién necesito pedir perdón?
Antes de aferrarnos a una ofensa, podríamos preguntarnos: ¿qué está haciendo este resentimiento con mi corazón?
Y antes de pedir que los demás cambien, podríamos preguntarnos: ¿qué necesito cambiar yo?
Yom Kippur no propone una vida sin errores. Propone algo quizá más realista y más profundo: una vida en la que los errores puedan convertirse en oportunidades de retorno, reparación y transformación.



