Cada víspera del Día de Difuntos, la Dama de Negro recorre el cementerio de Santa Cruz del Quiché. Descubre la leyenda colonial ligada a la epidemia de 1916 y al coronel Iplanas.
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Al acercarse la conmemoración del Día de Difuntos, trabajadores y visitantes del cementerio general de Santa Cruz del Quiché se apresuran a salir del lugar para que no los atrape la noche.
En cambio, los guardianes se resignan a cumplir con su deber mientras se encomiendan al Creador antes de salir a recorrer los senderos entre nichos y panteones con sus linternas.
Cuenta la tradición oral que por estas fechas, conforme se acercan los dos primeros días de noviembre, una mujer vestida de negro se acerca a visitar la tumba donde reposan los restos del coronel Francisco Iplanas.

Quienes ya se la encontraron refieren que un espeso velo cubre su rostro, sin que se pueda adivinar el contorno o las facciones.
Al encontrársela a altas horas de la noche, cuando se supone que no debe haber alma viviente en el camposanto, deja el ánimo sobrecogido del miedo y preguntándose si es cierto lo que acaban de ver.

Motivos
Allá por el año 1916, cuando apenas había iluminación nocturna entre las casas de adobe y techo de teja que formaban el centro de la cabecera, llegó una familia de origen español.
El hogar era encabezado por el coronel Francisco Iplanas, junto a su esposa doña María y sus pequeños Manuel y Ana.

Poco después, finalizado el conflicto europeo conocido como la Gran Guerra (años después considerado la Primera Guerra Mundial), se desató la epidemia de la enfermedad conocida como la gripe española.
Según la creencia popular, como lo menciona el escritor Francisco Méndez en su libro Cuentos de Joyabaj, la enfermedad brotó producto de la pudrición de millones de soldados fallecidos en combate y los gérmenes fueron arrastrados por los vientos hasta el continente americano.

Entre las víctimas del padecimiento, caracterizado por fiebres altas, dolores musculares y tos seca, estuvo el coronel Iplanas.
Curiosamente, unos días después del fallecimiento del coronel, se registró un entierro en el libro del cementerio, pero no se consignó el nombre.
Solo se sabe que la persona fue enterrada en el mismo panteón y que del cajón salía un largo velo negro.

En la cabecera se decía que era doña María: unos decían que murió por la epidemia y otros que había muerto de tristeza.
Tampoco faltó quien afirmara que la viuda y sus hijos regresaron a su país de origen para sobrellevar la pena.
Desde entonces, lo cierto es que la Dama de Negro se asoma con puntualidad en los últimos días de octubre para tributarle su visita anual a la tumba del coronel Iplanas y no falta quien murmure una oración para asegurar el eterno descanso de su alma.



