Una tragedia vial en las curvas del Molino dio origen a una de las historias más escalofriantes de Santa Cruz del Quiché. Descubre la leyenda de los pasajeros fantasma.
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Cuenta la tradición oral presente en la región que una pareja de reconocidos vecinos de Santa Cruz del Quiché viajaba de regreso desde la capital.
Su carro sufrió fallas mecánicas mientras descendía por las pronunciadas curvas del Molino y, pese a los frenéticos esfuerzos de su conductor, terminó por despeñarse.
El vehículo rodó cerca de 200 metros ladera abajo, quedando destrozado y causando la muerte instantánea de sus ocupantes.

Tiempo después, entre los conductores comenzó a divulgarse una historia que causó inquietud en más de algún oyente y también fue recibida con incredulidad.
Los testimonios coincidían en que un hombre y una mujer, elegantemente vestidos, aparecían por el sector en noches de luna llena mientras pedían jalón.
Más de un chofer se preguntó que podían hacer a esa hora y en ese lugar, aunque no dudaba en detener su marcha para recibirlos.

Al observarlos a la luz de la cabina le atrajo la atención sus atuendos, que evocaban la moda de varios años atrás, junto con su forma de hablar y expresarse.
Lo llamativo daba paso a la extrañeza cuando el ambiente dentro del auto se tornaba gélido de un momento a otro, pese a que no era temporada de fin de año para que hiciera tanto frío.
Todos los vidrios se empañaban con un tinte blanquecino, obligando al conductor a usar un trapo para limpiarlos y estar atento para no salirse de la carretera o estrellarse con algún auto que viniera en sentido contrario.

Y justo al voltearse por detrás para hacerles algún comentario a sus pasajeros o pedirles que le ayudaran a despejar el vidrio trasero, se quedaba tieso del susto.
En vez de caras rebosantes de vida, se encontraba con un par de calaveras que parecían contemplarlo burlonamente desde sus órbitas vacías y dedicarle una sonrisa sin labios.
Poco después desaparecían en cuestión de segundos, quedándose el testigo con las manos apretadas al timón, el pelo erizado del susto y preguntándose si había perdido la razón.

Presencia
En ocasiones, según la tradición oral, las almas de los difuntos permanecen ligadas al lugar donde murieron y conservan el aspecto que tuvieron al ocurrir el accidente.
Sus apariciones pueden continuar hasta que las misas por su eterno descanso, junto a la aspersión de agua bendita en el lugar, les permiten romper las ataduras que aún las ligaban a la tierra.

Aún así, las cercanías del puente del molino El Tesoro siguen presentes en las leyendas locales al afirmarse que el ambiente está cargado de algo más que tensión.
Sombras repentinas, luces que aparecen y se desvanece, y gritos que se escuchan en la oscuridad son parte de los relatos que todavía circulan entre los pobladores.



