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La Odisea: historias que sobreviven a las civilizaciones que las contaron de primero

  • Con información de Erick Espino / Colaborador
26 de agosto de 2026, 16:35
La Odisea de Christopher Nolan convierte un viaje de regreso a casa, en una historia sobre quiénes somos. (Foto: X / Universal Pictures)

La Odisea de Christopher Nolan convierte un viaje de regreso a casa, en una historia sobre quiénes somos. (Foto: X / Universal Pictures)

La superproducción épica de Cristopher Nolan, La Odisea, demuestra que algunos relatos no envejecen porque siguen haciendo las mismas preguntas, que aún no hemos contestado

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Cambian los idiomas, las fronteras, las religiones, las formas de gobierno y hasta la manera de entender el mundo. Todo lo creado por nuestra especie es ficción, hasta que nos topamos con las cosas que no lo son. Y es que, algunas historias permanecen porque hablan de algo que no cambia con tanta facilidad: el miedo a perderlo todo, el deseo de regresar a casa, la culpa por las decisiones tomadas y la necesidad de descubrir quiénes somos después de haber atravesado aquello que nos transforma. La Odisea, escrita y dirigida por Christopher Nolan, al poner sobre la mesa estas cuestiones, pertenece a esa categoría.

¿De qué trata La Odisea?

Basada en el poema atribuido a Homero, pero que resulta ser herencia de una tradición oral que le antecede, donde, los historiadores coinciden en que algunos de los pasajes de esta historia están basados en sucesos reales. La película convierte uno de los textos fundamentales de la literatura occidental en una superproducción de acción, aventura y mitología.

Pero reducirla a una espectacular adaptación de un clásico sería quedarse en la superficie. Nolan encuentra en el viaje de Odiseo una historia que parece escrita para encuadrar algunas de sus obsesiones, donde los temas más recurrentes dentro de su cinematografía son: el tiempo, la memoria, la culpa, la identidad, la pérdida y, sobre todo, la dificultad de regresar al lugar del que alguna vez se partió.

El resultado es una película monumental, pero también eminentemente humana. Una historia que exige tiempo, atención, disposición y reflexión para dejar que sus ideas maduren. Pero que al final, recompensa el tiempo que se invierte en ella.

Una historia de hace casi tres mil años que todavía habla del presente

Odiseo, rey de Ítaca, intenta regresar a su hogar después de la guerra de Troya. Lo que debería ser un viaje relativamente corto se transforma en una odisea marcada por monstruos, dioses, guerras, naufragios, engaños y pérdidas. Pero La Odisea nunca fue realmente una historia sobre llegar a un lugar. Es una historia sobre regresar siendo otra persona.

Ese matiz resulta fundamental para comprender la película de Nolan. El hombre que abandona Ítaca no es exactamente el mismo que intenta regresar. Ha sobrevivido a una guerra. Ha tomado decisiones que han costado vidas. Ha utilizado su inteligencia para vencer a enemigos, pero también ha convertido esa misma inteligencia en una fuente de destrucción. Ha sacrificado su honor en aras de los intereses de otros y del propio, todo por ganar una guerra, enfrentando la cruel verdad de que, en una guerra nadie gana.

El viaje exterior, entonces, funciona como representación de uno interior. Cada obstáculo obliga a Odiseo a enfrentarse con una parte de sí mismo que preferiría dejar atrás. Y esto nos es familiar a la vez, pues, quizá nadie ha tenido que enfrentar un cíclope, pero todas las personas han tenido que enfrentar a algo que les parecía monstruoso, algo que produce terror, rechazo o asombro, quizá todo al mismo tiempo, sin que seamos capaces de procesar el momento, pero que intentamos superar saliendo de la mejor forma, aun cuando no salgamos indemnes de la situación, y como resultado cambiemos después del evento. De esto se trata la obra, del cómo enfrentarlo, de la nostalgia por regresar a un lugar que ya no existe o que, solo existe en nuestra mente, este es realmente el corazón de la historia.

Y ahí aparece otra de las grandes preguntas de la película: ¿se puede regresar a casa cuando la persona que se era al partir ya no existe?

La más reciente adaptación de La Odisea se estrenó en julio 2026. (Foto: Redes Sociales / Universal Pictures)
La más reciente adaptación de La Odisea se estrenó en julio 2026. (Foto: Redes Sociales / Universal Pictures)

Odiseo: el héroe que debe enfrentarse a su propia leyenda

La interpretación de Matt Damon merece una mención especial. Su compromiso con el proyecto resulta evidente y adquiere todavía más peso al tratarse de su tercera colaboración con Christopher Nolan, después de Interstellar y Oppenheimer. En La Odisea, esa relación alcanza una nueva dimensión: Damon no parece interpretar únicamente a un héroe mitológico, sino a un hombre marcado por aquello que ha vivido y por el peso de regresar después de haber cambiado. Su actuación encuentra fuerza precisamente en la capacidad de transmitir el cansancio, la culpa, la inteligencia y la vulnerabilidad de Odiseo sin convertirlo en una figura heroica convencional.

Resulta particularmente interesante observar este compromiso en un actor que ha trabajado con algunos de los directores más importantes de las últimas décadas. Han pasado casi veinte años desde que participó en Los infiltrados, bajo la dirección de Martin Scorsese, y casi tres décadas desde Salvando al soldado Ryan, de Steven Spielberg. A esa trayectoria se suman colaboraciones con nombres como Steven Soderbergh, Ridley Scott y los hermanos Coen, entre muchos otros.

Damon podría limitarse a vivir de una filmografía extraordinaria; sin embargo, continúa involucrándose en proyectos que exigen algo distinto de él. Esa disposición resulta evidente en La Odisea, donde vuelve a ponerse al servicio de una visión autoral ambiciosa y, una vez más, demuestra que la experiencia no tiene por qué disminuir el entusiasmo de un actor por contar una buena historia. En esta ocasión, parece incluso ocurrir lo contrario: cuanto mayor es su trayectoria, más interesante resulta verlo asumir personajes que todavía tienen algo que descubrir sobre sí mismos.

Matt Damon interpreta a un Odiseo muy alejado del héroe perfecto. En muchas representaciones modernas, los héroes mitológicos terminan convertidos en figuras prácticamente intocables. Son valientes, inteligentes, fuertes y capaces de superar cualquier adversidad. Nolan toma otro camino.

Matt Damon interpreta a Odiseo en la adaptación de Cristopher Nolan. (Foto: redes sociales / Universal Pictures)
Matt Damon interpreta a Odiseo en la adaptación de Cristopher Nolan. (Foto: redes sociales / Universal Pictures)

Su Odiseo es brillante, pero también orgulloso. Es estratega, pero también manipulador. Es capaz de sacrificarse por sus hombres, aunque sus decisiones también pueden condenarlos. La película convierte esa contradicción en el centro del personaje. Odiseo no solamente debe enfrentarse a monstruos y dioses. Debe enfrentarse a la imagen que ha construido de sí mismo. La leyenda dice que es un héroe.
La memoria de sus propias acciones le recuerda que puede ser lo contrario.

Ese conflicto acerca al personaje a otros protagonistas de Nolan. Como Oppenheimer, comprende que una mente extraordinaria puede producir consecuencias que escapan completamente a su control. Como el protagonista de Inception, debe enfrentarse a la forma en que la memoria y la culpa pueden convertirse en una prisión. Como Cooper en Interstellar, está separado de aquello que ama por una combinación de tiempo, distancia y circunstancias que no puede controlar.

Nolan parece regresar constantemente a la misma pregunta: ¿qué queda de una persona después de aquello que ha tenido que hacer para sobrevivir?

Penélope y Telémaco: el hogar también tiene su propia odisea

Uno de los aciertos de la película está en no convertir el regreso de Odiseo en el único viaje importante. Mientras él atraviesa mares y territorios desconocidos, Penélope y Telémaco enfrentan otro tipo de batalla.

Anne Hathaway, como Penélope, representa una resistencia mucho menos espectacular, pero no por ello menos importante. Su personaje debe sostener un hogar que lleva años esperando a alguien que quizá nunca vuelva. La espera, en este caso, no significa pasividad, es supervivencia. Penélope debe preservar una familia, una identidad y un reino mientras otros intentan ocupar el espacio que dejó Odiseo.
Telémaco, interpretado por Tom Holland, enfrenta un conflicto diferente. Ha heredado el nombre de un hombre que se ha convertido en leyenda antes de que él pudiera conocerlo realmente. Su problema no consiste únicamente en encontrar a su padre, sino en descubrir quién puede ser él mismo sin quedar permanentemente eclipsado por Odiseo.

Anne Hathaway interpreta a Penélope, la esposa de Odiseo y reina de Ítaca. (Foto: Redes Sociales / Universal Pictures)
Anne Hathaway interpreta a Penélope, la esposa de Odiseo y reina de Ítaca. (Foto: Redes Sociales / Universal Pictures)

La amenaza de una vida que ocupa el lugar de otra

Robert Pattinson interpreta a Antinous, uno de los pretendientes de Penélope. El personaje adquiere una dimensión particularmente interesante dentro de la adaptación de Nolan porque no funciona únicamente como un antagonista externo. Su presencia representa la amenaza de que el mundo continúe sin Odiseo. La ausencia también crea oportunidades para otros.

Mientras el rey está lejos, alguien debe ocupar su espacio. Ese conflicto transforma la espera de Penélope en algo mucho más complejo. No se trata únicamente de esperar a que regrese el hombre que ama. Se trata de defender el derecho de ese hombre a regresar. Y, al mismo tiempo, obliga a preguntarse cuánto tiempo puede una persona permanecer ausente antes de convertirse en un recuerdo.

La guerra como origen de la historia y no como simple espectáculo

Una de las decisiones más interesantes de Nolan consiste en utilizar la guerra de Troya como punto de partida psicológico del relato. La película no presenta la guerra únicamente como una sucesión de batallas heroicas. La convierte en la experiencia que rompe al protagonista.

Esto resulta particularmente coherente con el cine anterior del director:

  • En Dunkirk, la guerra era una experiencia de supervivencia.
  • En Oppenheimer, era una maquinaria política y científica que transformaba para siempre a quienes participaban en ella.
  • En La Odisea, la guerra es también una herida.

Odiseo regresa de ella con una victoria, pero la película cuestiona qué significa realmente ganar cuando el precio de la victoria permanece dentro de la persona que la obtuvo. El famoso caballo de Troya deja entonces de ser únicamente una hazaña militar.

Se convierte en una metáfora del ingenio humano utilizado para destruir. Y esa idea resulta especialmente relevante en una época en la que la humanidad continúa demostrando que su capacidad tecnológica puede crecer mucho más rápido que su capacidad moral.

Los gigantes, el cíclope, los monstruos y escenarios de La Odisea, fueron logrados priorizando los efectos prácticos por encima de técnicas digitales. (Fuente: redes sociales / Universal Pictures)
Los gigantes, el cíclope, los monstruos y escenarios de La Odisea, fueron logrados priorizando los efectos prácticos por encima de técnicas digitales. (Fuente: redes sociales / Universal Pictures)

Los dioses, los monstruos y el verdadero significado de lo desconocido

Nolan tampoco utiliza la mitología exactamente como lo haría una película fantástica convencional. Los elementos sobrenaturales existen, pero la película intenta mantenerlos vinculados a la experiencia humana. Atenea, interpretada por Zendaya, aparece de una manera mucho más cercana a una presencia que acompaña y confronta a Odiseo que a una figura divina tradicional.

Esto supone una de las principales diferencias con el poema original. La película reduce considerablemente la intervención directa de los dioses y convierte parte de lo sobrenatural en una experiencia psicológica y moral. Puede discutirse si esa decisión sacrifica parte de la riqueza mitológica de Homero. Y es probablemente uno de los aspectos más debatibles de la adaptación, pero también permite que Nolan concentre la historia en una pregunta que le interesa especialmente: qué hacemos los seres humanos cuando ya no podemos culpar a los dioses por nuestras decisiones.

El lenguaje cinematográfico: cuando el espectáculo también cuenta la historia

Nolan filmó la película íntegramente con cámaras IMAX, una decisión que no responde únicamente al deseo de conseguir imágenes espectaculares. Forma parte de una concepción del cine que el director ha defendido durante años: determinadas historias necesitan ser experimentadas en una pantalla grande.

El resultado convierte el paisaje en parte del relato. El mar no es únicamente un escenario. Es una amenaza, las montañas no son decoración, representan aislamiento, distancia y obstáculo. Los espacios abiertos hacen que los personajes parezcan pequeños frente a un mundo que no pueden controlar.

Y cuando Nolan introduce la escala monumental de las batallas, los barcos o las criaturas mitológicas, el espectáculo adquiere un sentido narrativo: recuerda constantemente que el individuo está enfrentándose a fuerzas mucho mayores que él. Pero la película también sabe reducir esa escala, después de una batalla puede aparecer una conversación, después de un monstruo, un silencio, después de una gran multitud, un rostro.

Una adaptación que no pretende ser una copia de Homero

Adaptar La Odisea significa enfrentarse a una obra de aproximadamente tres mil años de tradición, múltiples traducciones e incontables reinterpretaciones. Nolan no intenta reproducirla literalmente. Elimina personajes y episodios, modifica algunos acontecimientos y reordena elementos para construir una película de ciento setenta y tres minutos. Incluso introduce cambios significativos en el desenlace. Esta decisión puede incomodar a quienes esperan una adaptación estrictamente fiel.

Sin embargo, también existe una razón para defenderla. Una adaptación no necesariamente debe repetir una obra. Puede dialogar con ella. Nolan toma el argumento de Homero y lo utiliza para hablar de asuntos que continúan vigentes: el trauma de la guerra, la responsabilidad sobre nuestras acciones, la necesidad de regresar, el peso de la memoria y la dificultad de reconstruir una vida después de haberla destruido. No intenta demostrar que Homero tenía razón, más bien, intenta demostrar por qué seguimos leyéndolo.

Robert Pattinson es Antinous, uno de los pretendientes de Penélope y el antagonista de la película. (Fuente: redes sociales / Universal Pictures)
Robert Pattinson es Antinous, uno de los pretendientes de Penélope y el antagonista de la película. (Fuente: redes sociales / Universal Pictures)

Lo que funciona y lo que no tanto

Fortalezas

  • Matt Damon construye un Odiseo complejo, vulnerable y moralmente ambiguo.
  • Anne Hathaway y Tom Holland aportan una dimensión familiar que evita que el regreso sea únicamente la historia del héroe.
  • Nolan consigue hacer accesible una historia de enorme complejidad histórica y literaria.
  • El espectáculo nunca pierde completamente de vista el conflicto emocional.

Lo que no tanto

  • Quienes esperen una adaptación estrictamente fiel a Homero encontrarán cambios importantes.
  • La reducción del papel de los dioses puede restar parte del carácter mítico de la obra original.
  • Su duración exige que el espectador esté dispuesto a dejarse llevar por el viaje.

Veredicto ¿vale la pena La Odisea?

Regresar no significa volver a ser quien se fue. La Odisea es, ante todo, una película sobre el regreso. Pero no únicamente sobre el regreso físico o emocional. También es una historia sobre aquello que estamos dispuestos a convertirnos para conseguirlo. Odiseo quiere volver a Ítaca, pero para hacerlo debe atravesar todo aquello que lo separa de la persona que alguna vez fue. Debe enfrentarse a sus decisiones, aceptar sus pérdidas y comprender que sobrevivir no significa necesariamente haber ganado.

El viaje de Odiseo también plantea una pregunta que trasciende al individuo. A lo largo de la historia, y especialmente en la estrategia del caballo de Troya, aparece una tensión fundamental entre los principios que una sociedad afirma defender y aquello que está dispuesta a hacer cuando esos principios se convierten en un obstáculo. La victoria exige engaño, manipulación y la utilización de la confianza del enemigo como un arma. La estrategia funciona, y precisamente por eso resulta tan incómoda: cuando la transgresión produce el resultado deseado, existe el riesgo de que aquello que antes parecía inaceptable comience a considerarse simplemente necesario.

Ahí se encuentra una de las lecturas sociales más profundas de la obra. Los principios pueden convertirse en bienes transaccionales cuando solo se respetan mientras resultan convenientes. Se defienden como valores absolutos hasta que aparece una circunstancia capaz de justificar su excepción. Pero cada excepción crea un precedente, y cada precedente modifica los límites de aquello que una sociedad está dispuesta a tolerar. Entonces, la pregunta deja de ser únicamente qué está bien o qué está mal. Se vuelve mucho más inquietante: ¿qué ocurre con nosotros cuando aceptamos que nuestros principios pueden negociarse cada vez que existe una razón suficientemente útil para hacerlo?

Tom Holland participa por primera vez en una producción de Cristopher Nolan como Telémaco, el hijo de Odiseo. (Fuente: redes sociales / Universal Pictures)
Tom Holland participa por primera vez en una producción de Cristopher Nolan como Telémaco, el hijo de Odiseo. (Fuente: redes sociales / Universal Pictures)

Por eso La Odisea resulta tan poderosa cuando abandona la épica y se acerca a lo humano, pero también cuando comprende que lo humano nunca existe completamente aislado. Las decisiones de un hombre afectan a otros; sus victorias construyen nuevas realidades y sus concesiones pueden sobrevivir mucho después de que él haya desaparecido. Detrás de los monstruos, los dioses, las batallas y los paisajes imposibles existe una pregunta que no pertenece únicamente a la Grecia antigua ni a Odiseo. Pertenece a todos.

¿Qué hacemos cuando finalmente conseguimos regresar a aquello que amamos, pero descubrimos que el camino para volver nos obligó a convertirnos en algo que ya no reconocemos? Y, todavía más importante, ¿qué clase de sociedad construimos cuando comenzamos a aceptar esa transformación como el precio natural de conseguir lo que queremos?

Ahí reside la grandeza de la historia de Homero y también la razón por la que Nolan encuentra en ella un material tan apropiado para su cine. La Odisea entiende que el viaje no transforma únicamente el paisaje que recorremos. También transforma a quien lo atraviesa, a las personas que lo acompañan y al mundo que permanece después de sus decisiones.

Y quizá esa sea la razón por la que esta película merece las casi tres horas que exige. No porque cada minuto esté destinado a impresionar, sino porque el tiempo invertido permite que la historia haga algo más difícil: obligar al espectador a detenerse y preguntarse qué partes de sí mismo ha dejado atrás, cuáles ha cargado durante demasiado tiempo y qué principios estaría dispuesto a abandonar si el resultado prometiera justificar el sacrificio.

Porque algunas odiseas no terminan cuando encontramos el camino de regreso. Terminan cuando comprendemos que cada decisión tomada para llegar a casa también ha ayudado a construir la casa, y la sociedad a la que finalmente regresamos.

¿Dónde ver La Odisea?

Actualmente continúa en carteleras de cine y aún no se ha anunciado si tendrá estreno en alguna plataforma de streaming.

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