En un entorno empresarial donde las organizaciones enfrentan mayores exigencias de transparencia, cumplimiento y gobernanza, la confianza se ha convertido en un factor que puede influir en la capacidad de las empresas para construir relaciones, atraer inversión y desarrollar proyectos de largo plazo.
Más allá de los resultados financieros, las organizaciones son evaluadas cada vez más por la forma en que toman decisiones, gestionan sus riesgos y trasladan sus principios éticos a sus operaciones y relaciones comerciales.
Durante el panel "Ética y reputación empresarial", realizado en el marco del Congreso Industrial 2026, Ruby Asturias, socia de Deloitte y líder de la práctica de Infraestructura a nivel regional, abordó el papel de la integridad y la confianza como elementos para fortalecer la sostenibilidad y el crecimiento de los negocios.
Sin confianza no hay relaciones
Para Asturias, la confianza representa una base fundamental para el desarrollo de las relaciones empresariales.
Desde esta perspectiva, la confianza puede convertirse en un activo que permite generar valor y construir relaciones entre empresas, inversionistas, clientes, proveedores y otros grupos de interés.
La especialista señaló que este elemento funciona como una estructura que, aunque no siempre es visible, puede sostener a las organizaciones a lo largo del tiempo.

Ética, transparencia y gobernanza
La construcción de confianza también está relacionada con la capacidad de una empresa para demostrar coherencia entre lo que comunica y la forma en que actúa.
Según Asturias, la integridad corporativa ha dejado de ser únicamente un conjunto de normas o códigos internos y se ha convertido en parte de los sistemas de gobernanza que buscan fortalecer la reputación y generar confianza.
Entre las prácticas que pueden contribuir a este objetivo se encuentran los códigos de ética, los mecanismos de prevención de riesgos, los canales para reportar irregularidades, las políticas anticorrupción y los procesos para identificar posibles conflictos de interés.
Sin embargo, Asturias destacó que el desafío para las organizaciones consiste en trasladar estos principios de los documentos a las acciones.
Del discurso a la ejecución
Contar con políticas y códigos de conducta no es suficiente si estos no forman parte de la cultura de una organización.
Para la especialista, uno de los principales retos es pasar del cumplimiento en papel a una cultura de integridad que esté presente en la toma de decisiones.
Esto requiere que los principios de ética y transparencia sean asumidos por los diferentes niveles de una empresa, desde sus equipos directivos hasta las áreas operativas.
Por ello, destacó la importancia de promover liderazgos capaces de trasladar los valores de una organización a las decisiones y comportamientos cotidianos.
La confianza también influye en las relaciones comerciales
La reputación y las prácticas de una empresa pueden tener un impacto en la forma en que otros actores deciden relacionarse con ella.
Actualmente, algunas organizaciones no solo evalúan sus propios estándares de ética e integridad, sino también los de proveedores, socios comerciales y otras empresas que forman parte de su cadena de valor.
Esto ha llevado a que los códigos de conducta y las políticas de cumplimiento también formen parte de algunas relaciones comerciales.
De acuerdo con Asturias, la confianza y la reputación se construyen con el tiempo y pueden convertirse en factores que permitan a una organización fortalecer sus relaciones y mantenerse competitiva.

Las personas, en el centro de la confianza
La construcción de empresas sostenibles también depende de las personas que las integran.
Para Asturias, los colaboradores son quienes representan diariamente a una organización y quienes, a través de sus decisiones y acciones, contribuyen a fortalecer o debilitar la confianza.
Por esta razón, ella considera necesario trabajar en liderazgos y culturas organizacionales que promuevan principios de integridad empresarial. "Los colaboradores son el alma y el corazón de las empresas", expresó.
En un contexto donde la transparencia y la reputación tienen una mayor relevancia para los negocios, la confianza puede convertirse en un activo estratégico para fortalecer relaciones, generar oportunidades y contribuir al crecimiento sostenible de las organizaciones.
La clave, según los planteamientos expuestos durante el Congreso Industrial 2026, está en lograr que la ética, la transparencia y la integridad no permanezcan únicamente en el discurso, sino que formen parte de la manera en que las empresas toman decisiones y construyen sus relaciones.




