Una investigación de Deloitte, firma especializada en servicios profesionales de auditoría, afirma que cada año el mundo pierde un valor equivalente a casi un tercio de la riqueza que genera. La causa no radica sólo en factores económicos o de mercado, sino también en el desperdicio de recursos, la subutilización de activos y modelos de producción y consumo poco eficientes.
OTRAS NOTICIAS: Los emprendedores en Guatemala tienen nuevas alternativas de financiamiento
Según el Informe sobre la Brecha de Circularidad 2026: La brecha de valor, elaborado por Circle Economy en colaboración con Deloitte, estas pérdidas alcanzan unos US$29 billones anuales. Es decir, por cada US$3 que produce la economía global, cerca de US$1 se pierde antes de generar su máximo valor económico y social.
Al respecto, Gema Sacristán, Socia Líder de Sostenibilidad en Deloitte Spanish Latin America, afirmó que "La transición a un modelo de economía circular representa una gran oportunidad para el desarrollo sostenible y la competitividad de América Latina a través de la creación de nuevas oportunidades de negocio, la generación de empleo y la reducción de la huella de carbono.
¿Dónde se pierden US$29 billones cada año?
El informe identifica que casi la mitad de las pérdidas, unos US$11.4 billones, ocurre cuando productos y materiales se desechan antes de agotar su vida útil y no son reutilizados ni reciclados. Ejemplos son la moda rápida, la obsolescencia programada y el reemplazo de productos que aún podrían generar valor.
La segunda mayor fuente de pérdidas está en el sector energético, donde unos US$9.9 billones se desaprovechan por ineficiencias en el consumo y transformación de energía.
A esto se suman US$5.9 billones por deterioro prematuro o subutilización de edificios, maquinaria e infraestructura, además de pérdidas por procesos productivos ineficientes y desperdicio de alimentos.

A diferencia del modelo lineal, la economía circular busca mantener materiales y productos en uso más tiempo, reducir residuos y disminuir la extracción de nuevos recursos. Desde el diseño de productos duraderos hasta la reutilización, reparación y recuperación de materiales, estas estrategias permiten conservar valor dentro de la economía.
Conde señaló que gran parte de esta pérdida responde a sistemas que priorizan producción y consumo sin considerar el impacto económico, social y ambiental de los recursos.
El reto: cambiar la forma de medir el valor
Reducir esta brecha requiere acciones coordinadas entre empresas, inversionistas y responsables de políticas públicas, además de transformar la forma de medir y gestionar el valor económico.
Entre las acciones recomendadas están fortalecer modelos de negocio circulares, integrar costos ambientales y sociales en la toma de decisiones y mejorar la gestión de materiales, energía e infraestructura.
Más allá de una agenda ambiental, el estudio plantea una reflexión económica: conservar recursos, reducir desperdicios y extender la vida útil de los activos es una oportunidad para fortalecer la competitividad, impulsar la innovación y generar crecimiento sostenible.




