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Las elecciones de medio término en Estados Unidos

  • Con información de Editorial Soy502
27 de octubre de 2026, 01:00
En las elecciones de medio término 2026, el control del Congreso está en juego. (Foto: AFP/Soy502)

En las elecciones de medio término 2026, el control del Congreso está en juego. (Foto: AFP/Soy502)

Durante dos años, la mayoría republicana ha permitido gobernar.

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Las elecciones de medio término del 3 de noviembre de 2026 no son una elección más. Son la línea de defensa entre la continuidad del proyecto de restauración nacional que encabeza el gobierno republicano y el intento más audaz de la izquierda radical por tomar el control total del Congreso de los Estados Unidos.

Durante dos años, la mayoría republicana ha permitido gobernar. Ha permitido cerrar la frontera, devolver la seguridad energética, frenar la locura regulatoria y poner fin al gasto desenfrenado que dejó al país al borde de la bancarrota moral y fiscal. Esa gobernanza está hoy en juego. Porque lo que enfrenta el votante no es al viejo Partido Demócrata de Kennedy o incluso de Clinton, sino a una estructura cooptada desde dentro por socialistas confesos y por corrientes que simpatizan abiertamente con ideas comunistas.

Basta mirar las candidaturas. Ya no se esconden. Organizaciones como los Socialistas Democráticos de América dictan la plataforma, imponen candidatos en primarias y exigen compromisos: renta básica sin trabajo, desfinanciamiento policial, fronteras abiertas, adoctrinamiento ideológico en escuelas, y la entrega del aparato productivo a burócratas de Washington. Lo llaman justicia social. Es control estatal. Es el manual comunista de siempre, maquillado con lenguaje inclusivo y victimismo.

La denuncia es abierta y clara: el Partido Demócrata ha sido cooptado. Su liderazgo moderado ha claudicado por miedo y por cálculo electoral. Les han entregado los comités, las listas y el discurso. Quienes hoy aspiran a presidir la Cámara y el Senado no responden a los trabajadores de Ohio o Pensilvania, responden a colectivos radicales de Nueva York y California que desprecian la Constitución y veneran modelos fracasados en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Han cambiado la bandera americana por la bandera roja del resentimiento.

Si logran dominar el Congreso, lo que viene no es contrapeso, es parálisis y sabotaje institucional. Juicios políticos sin fundamento, investigaciones eternas, bloqueo de cada nominación, apertura total de la frontera y un gasto billonario para comprar votos con programas insostenibles que hipotecan el futuro de sus hijos. Quieren un país dependiente del Estado, porque un pueblo dependiente es un pueblo dócil y fácil de manipular.

Por eso, esta elección intermedia es una lucha por la gobernanza. No se trata de defender a un partido, se trata de defender la posibilidad misma de gobernar conforme a la ley y al mandato popular recibido en 2024.

Un Congreso en manos de una izquierda cooptada por el socialismo no legislará, obstruirá. No fiscalizará, perseguirá. No representará al pueblo, representará a la ideología fracasada y caduca.

El votante republicano, el independiente y el demócrata de sentido común deben entender claramente que el 3 de noviembre no se eligen solo 435 representantes y 35 senadores. Se elige si Estados Unidos seguirá siendo una república de ciudadanos libres, propietarios y soberanos, o se convertirá en el cuartel del socialismo continental importado. La mayoría se defiende votando en cada distrito. La gobernanza la defienden no cediendo una sola urna en noviembre.

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