La agenda económica domina la atención de los votantes estadounidenses.
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Las elecciones de medio término del 3 de noviembre se han convertido en el primer gran examen electoral para el presidente Donald Trump desde su retorno a la Casa Blanca.
Aunque el mandatario no aparecerá en la papeleta, el resultado medirá el respaldo a su administración y podría definir si conserva condiciones favorables para impulsar su agenda en el Congreso.
Reportes de medios estadounidenses coinciden en que la economía y la percepción sobre el costo de vida se han impuesto como los asuntos centrales de una contienda.
Estas elecciones de medio termino renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, a 35 miembros del Senado, además de 36 gobernaciones y legislaturas estatales.
Una encuesta de The New York Times y Siena University divulgada recientemente, colocó a los candidatos demócratas con una ventaja de nueve puntos en la intención genérica de voto para el Congreso.

El mismo sondeo situó la aprobación de Trump en 38% y reflejó una baja valoración de su gestión frente al encarecimiento de la vida.
El Pew Research Center llegó a una conclusión similar, pues el 84% de los votantes registrados considera que la economía será muy importante para decidir su voto.
El dato permite explicar por qué la campaña se ha concentrado en precios, combustibles, vivienda, salud y salarios, más que en los indicadores generales de crecimiento.
Para los electores, el juicio sobre la economía depende en buena medida de su capacidad de compra y de la estabilidad de los gastos del hogar.
Varios medios señalan una contradicción que pesa sobre la actual administración y es el desempleo que actualmente se ubica en 4.2%, un nivel históricamente bajo, pero el mercado laboral ha perdido dinamismo.
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Las empresas contratan con mayor cautela, los trabajadores tienen menos oportunidades de cambiar de empleo en busca de mejores ingresos y la inflación ha reducido el efecto de los aumentos salariales.
El resultado "es una percepción de incertidumbre económica que puede tener consecuencias electorales", según expertos. Esto se traduce en que los miembros del partido demócrata buscan convertir ese malestar en un voto de castigo.
Sus candidatos han priorizado mensajes sobre la asequibilidad, el Seguro Social, la salud, la vivienda y la necesidad de vigilar a la Casa Blanca.
También han vinculado la gestión de Trump con la guerra en Irán y sus efectos sobre los precios de la energía, un tema que genera rechazo entre independientes y ha incrementado las dudas de algunos votantes republicanos.

Mientras tanto, los miembros del partido republicano intentan evitar que la elección se reduzca a un plebiscito sobre el presidente.
Su discurso se centra en seguridad fronteriza, inmigración, energía y críticas a los sectores progresistas del Partido Demócrata.
En varias contiendas, sin embargo, los candidatos republicanos deben equilibrar el apoyo a Trump con la necesidad de atraer a votantes moderados e independientes que cuestionan la situación económica.
El principal riesgo político para Trump está en la Cámara de Representantes, la agencia Reuters estima que solo entre 40 y 50 de los 435 distritos son realmente competitivos, debido a la polarización y a los mapas electorales.
Aun así, los demócratas tienen posibilidades de recuperar el control con una mayoría limitada.
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Ante esta situación, el medio The Washington Post ha documentado que grupos republicanos han trasladado recursos hacia distritos actualmente ocupados por legisladores de su partido, una señal de que la prioridad pasó de ampliar la mayoría a defenderla.
La pérdida de la Cámara no implicaría que Trump quede sin poder, pero sí modificaría el equilibrio político en Washington.
Esto pasaría porque una mayoría demócrata tendría capacidad para condicionar negociaciones presupuestarias, abrir investigaciones legislativas y dificultar la aprobación de proyectos prioritarios para la Casa Blanca.
El presidente conservaría sus atribuciones ejecutivas y de política exterior, pero enfrentaría un contrapeso institucional más activo.
Sin embargo, el Senado presenta un escenario menos favorable para los demócratas, pues para lograr una mayoría de 51 integrantes necesitan ganar cuatro escaños netos, pero varios de sus principales objetivos están ubicados en estados que Trump ganó con comodidad en 2024.

Por ello, la previsión más cauta es la de un Congreso dividido, con una Cámara de Representantes demócrata y un Senado republicano, aunque el desenlace dependerá de márgenes reducidos en varios estados.
Associated Press ha añadido otro elemento, que es el dinero y es que los grupos republicanos y aliados de Trump cuentan con una importante capacidad financiera, pero el volumen de recursos no garantiza revertir un ambiente político desfavorable.
Mientras tanto, los demócratas muestran mayor entusiasmo en los sondeos, aunque sus sectores relevantes que son jóvenes, latinos y afroamericanos, suelen votar en menor proporción en elecciones de medio término.
Con todo, la elección no está resuelta, pues su término dependerá de si el malestar económico se traduce en voto de castigo, de la capacidad republicana para movilizar a su base y de la participación en las contiendas cerradas.
A menos de tres semanas de la votación, el dato político más relevante es que Trump enfrenta el riesgo real de perder la Cámara de Representantes y de iniciar la segunda parte de su mandato con un Congreso menos dispuesto a acompañar su agenda.



