Claudia del Águila, Directora de Incidencia del Entorno Exportador de AGEXPORT, habla en esta columna invitada sobre los cambios que deben realizarse para impulsar las exportaciones y el desarrollo económico de Guatemala.
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Durante décadas, el sector exportador guatemalteco ha demostrado una extraordinaria capacidad para adaptarse a las crisis. Gracias al esfuerzo de empresarios, trabajadores y emprendedores, el país ha logrado mantener las exportaciones de bienes y servicios generado ciento de miles de empleos y atrayendo inversión.
Sin embargo, esta resiliencia está llegando a su límite. Existen sectores como el agrícola y la acuicultura y pesca que operan con muy poca capacidad de maniobra; tienen el agua al cuello. Las empresas ya hicieron su parte; invirtieron en tecnología, innovaron, mejoraron procesos y aumentaron su eficiencia. Pero estos esfuerzos ya no compensan las desventajas estructurales del país. Mientras Guatemala avanza lentamente, nuestros competidores ofrecen mejores condiciones para producir, exportar e invertir.
La realidad es que las empresas buscan países donde operar sea menos costoso. Sin embargo, Guatemala continúa enfrentando barreras a la competitividad. La ineficiencia portuaria, el deterioro de la infraestructura vial, burocracia y altos costos de energía incrementan los costos de producir y exportar, reduciendo la capacidad del país para atraer nuevas inversiones y aprovechar las oportunidades como el nearshoring.
Hablar de competitividad no significa únicamente exportar más. Significa que una micro, pequeña, mediana o gran empresa puedan producir con menores costos, innovar, crecer y generar más empleos formales. Significa transformar el ecosistema para hacer negocios y que Guatemala sea un país donde invertir resulte atractivo y donde las oportunidades económicas lleguen a más familias.
Por ello, es urgente construir una Agenda de Competitividad, que le permita a nuestras empresas competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo y que sea concebida como una política de Estado y no como un programa del gobierno de turno. Con visión de largo plazo, con prioridades claras en infraestructura vial moderna, puertos eficientes, energía competitiva y simplificación y automatización de trámites; con metas medibles, indicadores públicos, responsables definidos y seguimiento permanente.
El momento para actuar es ahora!. La relocalización de inversiones y la transformación tecnológica están redefiniendo dónde se producen los bienes y servicios del futuro. Mientras otros países avanzan y captan nuevas oportunidades; Guatemala no las capitaliza. Debemos pasar del discurso a la acción. La implementación de la Agenda de Competitividad debe convertirse en la principal política de desarrollo del país. Seguir postergándola es un costo que el país ya no puede permitirse.




