Además de una licitación de generación de energía eléctrica, Guatemala necesita licitar para transportarla. Claudia del Águila, directora de Incidencia del Entorno Exportador de Agexport, analiza esta situacióna en esta columna.
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Guatemala está licitando transmisión para resolver problemas de hoy. Pero la velocidad con la que crece el consumo eléctrico ya se debe planificar la PET-4. No hay duda de que el país necesita la PET-3. La pregunta ahora es si seremos capaces de ejecutarla a tiempo y de planificar la siguiente generación de infraestructura antes de que nuevos cuellos de botella vuelvan a presionar el sistema.
Guatemala cerró 2025 con un consumo del Sistema Nacional Interconectado de 14,042.01 GWh, un 4.81% más que el año anterior, y una demanda máxima histórica de 2,204.22 MW, según la AMM (Administrador del Mercado Mayorista). En el primer cuatrimestre del año, el Ministerio de Energía ya reportaba un crecimiento interanual de 2.8%. La economía está creciendo y la energía es su habilitador. Pero un habilitador solo funciona si la red puede moverse al mismo ritmo que la demanda.
Hoy ya pagamos el costo de no tener suficiente transmisión: en 2025, el AMM registró US$138.2 millones en generación forzada, energía más cara despachada porque las líneas no alcanzan para mover la más barata. Es dinero que sale del sistema y, eventualmente, del bolsillo de las familias.
La PET-3 contempla más de 440 kilómetros de líneas y 14 subestaciones en cuatro lotes regionales. Es una importante inversión, pero no suficiente. la Asociación Guatemalteca de Transportistas de Electricidad -AGTE-, estima que hacia 2045 Guatemala deberá duplicar su red de transmisión: 5,000 kilómetros adicionales, más de 200 subestaciones y una inversión de US$2,500 a US$3,000 millones. Esto no es una decisión para dentro de 10 años, debe ser una visión de Estado que se toma hoy para no lamentarlo después.
Hay oportunidad de generación y voluntad. Entonces, ¿qué falta? Unir esfuerzos entre gobiernos locales y nacionales, porque ellos son los habilitadores del desarrollo de sus municipios. Juntos pueden lograr facilitar los procesos, desde la obtención de derechos de vía, servidumbres, licencias ambientales hasta autorizaciones municipales, entre otros. En este punto, la certeza jurídica deja de ser un tema empresarial y se convierte en agenda social: de ella depende que un negocio, un estudiante o un hospital tengan electricidad de calidad, permanentemente y a costos competitivos.
Guatemala puede convertir su competitividad energética en ventaja país, pero solo si construye, desde ya, la capacidad institucional para ejecutar lo que ya se decidió y planificar lo que viene. Que no se normalice el ciclo de reaccionar cuando se está al límite. La PET-4 no puede esperar a que la PET-3 termine.




