¡Admira la floración del escubillo en el Valle del Motagua! Conoce la biodiversidad de Zacapa y por qué debemos proteger su bosque espinoso.
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El Bosque Espinoso del Valle del Motagua en Zacapa atraviesa una de sus épocas más deslumbrantes.
Reconocido por su clima cálido y vegetación árida, este ecosistema único en la región muestra su cara más vibrante con el inicio de la temporada de floración del arbusto conocido como "escubillo", evento que desencadena una explosión de color, aroma y vida silvestre en todo el territorio.

La investigadora ambientalista Michel Bustamante señala que durante esta etapa, la vegetación xerófila se transforma, pues el arbusto escubillo cubre los cerros y valles con un manto de flores que contrasta con el paisaje tradicionalmente seco.
Junto al escubillo, diversas especies de plantas despliegan flores en tonos amarillos, púrpuras, rojos y blancos, vistiendo al bosque con un espectáculo visual inédito.

"El bosque espinoso es de mucha importancia, hay flora y fauna propia del lugar. Aunque no lo creamos, hay polinizadores propios del bosque y otras aves. Su conservación es muy importante, ya que es hogar de reptiles, aves, mamíferos, entre otros", añadió Bustamante.
Refugio de aves y polinizadores
Este estallido floral atrae a una gran variedad de fauna local y migratoria.

Zumbido de polinizadores: miles de abejas de distintas especies acuden al llamado del néctar fresco, cumpliendo un rol fundamental en el equilibrio ecológico del valle y asegurando la reproducción de la flora autóctona.
Santuario de aves: múltiples especies de aves, desde colibríes y orientadores de brillantes plumajes hasta aves cantarinas locales, llenan el aire de cantos y movimiento mientras buscan alimento entre los matorrales.

Agrega que ver florecer el escubillo nos recuerda la resiliencia de nuestra naturaleza. "El bosque espinoso no es solo aridez, es una reserva vital llena de interacción entre abejas, aves y flora endémica", menciona.
Valor ecológico y llamado a la conservación
El Bosque Espinoso es uno de los ecosistemas más amenazados y, a la vez, uno de los más fascinantes de Centroamérica, grupos comunitarios hacen un llamado a locales y visitantes a valorar este patrimonio natural, evitar la tala no regulada y proteger a los polinizadores locales.

Según el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN), para proteger el área se debe hacer lo siguiente:
Reforestación con especies nativas: introducir árboles adaptados al clima extremo como el aripín, el guayacán, nopales, acacias y cactus. Esto evita la erosión del suelo bajo temperaturas que superan los 38°C.

Frenar el avance agrícola y la deforestación: establecer límites para impedir que el cambio de uso de suelo destruya el matorral seco y los reservorios de carbono.
Protección de fuentes hídricas: conservar la vegetación que capta las escorrentías provenientes de la Sierra de las Minas, vitales para el sustento de las comunidades locales.



