La estación del ferrocarril en Zacapa marcó una época de oro en el transporte nacional. Revive su llegada al oriente de Guatemala a finales del siglo XIX y el auge comercial que transformó la región.
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Después que el ferrocarril llegó a la ciudad capital, el general Justo Rufino Barrios dispuso la construcción del ferrocarril por medio del Decreto No. 297 fecha 4 de agosto de 1883.
Argumentó que la edificación de una vía férrea que, partiendo del puerto de Santo Tomás en el Atlántico, se uniera con la línea que conduce al Pacífico y que es una obra de mayor importancia y trascendencia que pudiera acometerse en favor de la civilización, engrandecimiento y de riqueza nacional.

El escritor zacapaneco Benedicto Pozuelos Gil (q. e. p. d.) indicaba en sus textos que el decreto en mención decía que "la línea férrea que debe unir esta capital con el puerto Santo Tomás, en el Atlántico, tocando en su trayecto los puntos más importantes para el comercio y la agricultura en las regiones de oriente y el norte de la República, será construida por cuenta de la nación.
Refiere que ya construida la línea férrea en noviembre de 1895, el ferrocarril llegó a tierra zacapaneca, cuando gobernaba Guatemala el presidente José María Reyna Barrios, por lo que le correspondió la inauguración de la magna obra.

Para ello, emitió el decreto que fue firmado en Puerto Barrios, Izabal, como fue el deseo del gobernante y que quedó inaugurado el ferrocarril del norte hasta la Villa de Zacapa, en un espacio de 100 millas.
Reyna Barrios hizo la inauguración oficial del ferrocarril en Zacapa y de allí partió a Puerto Barrios. También se sabe que la primera locomotora arribó a Zacapa en noviembre de 1896.

Estación en Zacapa y sala de espera
Tal como era el deseo de las autoridades de fomentar el comercio y desarrollo de los pueblos en el oriente del país y modernizar la comunicación por medio del transporte, se debe mencionar la recordada sala de espera y el patio, que eran utilizados para el descanso.
En el lugar, los pasajeros degustaban bebidas refrescantes y quesadillas de San Jorge o de la cabecera zacapaneca; tampoco podía faltar el pan de maíz y la conserva de coco para los amantes de lo dulce.

Por allá en 1960, la estación estaba en su apogeo comercial y mucha gente llegaba a ver pasar el tren y se retiraba al escuchar el silbato de la máquina, el toque de la campana y la señal de conductor que decía "vámonos".
Algunas personas se quedaban a escuchar la sinfonía que estaba instalada frente a la sala de espera y con cinco centavos funcionaba el aparato en el que podían escuchar su canción favorita de aquel tiempo; entre las destacadas están Cuatro caminos o En el tren de la ausencia me voy.



