Santizo tenía 18 años cuando decidió convertirse en bombero y ahora se desempeña como piloto maquinista.
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A sus 65 años, Ismael Santizo es piloto maquinista después de 45 años de servicio como bombero voluntario. Durante todo este tiempo se enfrentó a incendios, accidentes, rescates y emergencias.
Su sueño de ser socorrista comenzó desde niño, cuando vivía cerca de la estación central de Bomberos Voluntarios, en la zona 3. Cada vez que pasaba por la estación y veía las ambulancias y motobombas estas despertaban su curiosidad, hasta que decidió convertir aquella admiración en una profesión de servicio.
"Como todo sueño de cada niño, uno se emociona al ver una unidad de bomberos, al verlos trabajar", recordó durante una entrevista con Soy502.
Fue así que junto con un grupo de amigos, Santizo ingresó a la Escuela de Bomberos y realizó un curso de nueve meses. El 15 de agosto de 1981 se graduó como bombero raso. Aunque trabajaba en la iniciativa privada, buscaba pasar la mayor parte de su tiempo sirviendo en la Compañía de los Bomberos Voluntarios de Guatemala.
"Tenía un hijo recién nacido y yo prefería estar apoyando a los Bomberos Voluntarios (CVB) que estar en mi casa", comentó.
Con los años ingresó a la guardia permanente, comenzó conduciendo ambulancias y posteriormente se preparó como piloto maquinista.
Un incendio cambió su vida
Tres años después de ingresar a la institución, Santizo sufrió un accidente que hasta la fecha aún recuerda, fue un incendio en una chicharronera de El Gallito, zona 3, los bomberos trabajaban cerca de cilindros de gas propano cuando una fuga provocó que cuatro compañeros resultaran quemados, entre ellos Santizo.
Él sufrió quemaduras de segundo y tercer grado y permaneció más de 18 días internado. Sin laborar durante todo ese tiempo y el restante permaneció en recuperación en casa.

"Todavía tengo secuelas", explicó mientras recordó las cicatrices que conserva en los brazos, pecho y rostro.
Según su testimonio, en aquella época los bomberos no contaban con el equipo especializado que actualmente utilizan para atender este tipo de emergencias.
Los pacientes "más difíciles de atender"
Entre las experiencias que más lo han marcado están aquellas en las que las víctimas son niños. Santizo recordó el caso de un menor de aproximadamente seis años que sufrió un paro cardíaco. A pesar de los esfuerzos realizados por los Bomberos Voluntarios, el niño murió.
"Lo que más nos parte el alma es llegar a atender a un niño", expresó.
También recordó el caso de otro menor que cayó en una palangana y murió ahogado. Cuando los bomberos llegaron, había pasado aproximadamente una hora u hora y media desde que ocurrió el accidente.
Otra ocasión ocurrió cuando tenía unos 20 años. Una mujer dio a luz y el bebé cayó dentro de una fosa séptica. Santizo fue uno de los bomberos que ingresó para rescatarlo. Durante sus primeros años de servicio, asegura, muchas situaciones debían resolverse con recursos limitados.
"Si alguien tenía un botiquín era una mochila improvisada con apósitos", recordó. Actualmente, explica, que los bomberos cuentan con equipos más especializados para atender fracturas, hemorragias, paros cardíacos y realizar rescates.
Una vida dedicada al servicio
A sus 65 años, Santizo reconoció que ya no tiene la misma condición física que cuando comenzó. Sin embargo, todavía desea acompañar a sus compañeros durante las emergencias.
"Yo quisiera estar dentro del incendio, abajo en el barranco ayudando a mis compañeros, pero ya no tengo la misma habilidad que tenía antes", afirmó.

Después de 45 años, su sueño de la adolescencia continúa.
A los jóvenes que desean convertirse en socorristas les recomienda no abandonar su objetivo cuando aparezcan las dificultades. "Si quieren ser bomberos, que lo cumplan, que no se asusten", aconsejó.



