En el solitario camino de Nimá, San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, la tradición oral cobra vida. Descubre el testimonio sobre el cadejo y los sucesos que atemorizan a la región.
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El camino de Nimá, que conecta el cantón San Agustín Tonalá con la aldea Champollap, en San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, guarda historias que durante años han despertado temor y curiosidad entre los vecinos.
Una de las más conocidas es la aparición del cadejo, una criatura descrita en la tradición popular como un perro negro de gran tamaño que se manifiesta durante la noche.
Don Israel López asegura que fue uno de los vecinos que vivió una experiencia que todavía recuerda.

Según cuenta, en aquellos años transitaba con frecuencia por esa ruta para visitar a una novia en el centro del municipio. En ocasiones, el regreso a su vivienda ocurría cerca de la medianoche o incluso a la 1:00 de la madrugada, cuando el camino permanecía oscuro y rodeado de vegetación.
“Es un lugar montañoso y oscuro donde se escuchaban aullidos, gritos y algunos ruidos extraños e inexplicables”, recuerda López, quien considera que el sector estaba encantado por las apariciones que, según su testimonio, ocurrían en distintos puntos del trayecto.
Uno de los lugares que más le causaba inquietud era el puente de Nimá. Al pasar por ese sector, afirma que en varias ocasiones observó sombras extrañas que parecían descender de los árboles, con movimientos similares a los de las ardillas.

Aquellas imágenes le provocaban incertidumbre, aunque continuaba utilizando el camino por ser una ruta habitual para desplazarse. Sin embargo, el episodio que más lo marcó ocurrió una noche en la que caminaba acompañado de un amigo.
Según su relato, ambos avanzaban por el sendero cuando, al llegar a una pequeña elevación, escucharon ruidos entre los árboles. Poco después, una figura llamó su atención.
“Primero vimos como si fuera una ardilla pequeña que bajaba de un árbol; luego pensamos que era un gato y, poco a poco, se fue haciendo grande cuando se paró frente a nosotros”, relata López.

La criatura, según describe, era un animal enorme que por momentos aparecía y desaparecía. La transformación de aquella pequeña figura en algo de mayor tamaño los dejó aterrorizados.
López recuerda que su acompañante, quien caminaba más despacio, quedó paralizado por el miedo mientras ambos intentaban decidir qué hacer.
Ante la situación, el vecino recordó que llevaba una cruz consigo. La sacó, mordió y comenzó a rezar con toda su fe, buscando protección ante lo que consideraba una presencia sobrenatural.

López asegura que, mientras oraba, la figura comenzó a desaparecer poco a poco, hasta que finalmente ambos lograron continuar su camino y salir de aquel sector. Para él, aquel momento quedó grabado en su memoria como uno de los encuentros más inquietantes que ha vivido.
La historia del cadejo forma parte de las leyendas populares que se transmiten de generación en generación en distintas regiones de Guatemala. En los relatos tradicionales, esta figura suele asociarse con caminos solitarios, noches oscuras y encuentros inesperados con viajeros.
En Nimá, el testimonio de don Israel López mantiene viva una narración vinculada con el paisaje montañoso y los senderos que comunican a las comunidades.



