¿Sabías que el Museo San Juan del Obispo fue residencia del primer obispo de Guatemala? Explora su arquitectura barroca, las esculturas de la época y las pintorescas artesanías elaboradas por los pobladores de la comunidad.
LEE TAMBIÉN: La historia oculta detrás de la tradición del Palo Volador de Cubulco
Más allá de las ruinas, las iglesias y los edificios restaurados, hay todo un conjunto de comunidades por explorar en las afueras de La Antigua Guatemala.
Entre ellas sobresale San Juan del Obispo, comunidad situada a cinco kilómetros del área urbana, a donde se puede llegar vía la carretera a Santa María del Jesús.
Apenas se llega a su plazuela central, el visitante se encuentra con el complejo arquitectónico compuesto por el palacio donde residió Francisco Marroquín, primer obispo del actual territorio de Guatemala.

El prelado eligió el actual asentamiento de la comunidad como el lugar para construir su residencia, completada con fondos propios en 1547.
Desde entonces, la construcción sobrevivió a varios terremotos, períodos de uso seguidos de etapas de abandono, y en la actualidad funciona como el Museo San Juan del Obispo.

Atractivo
El palacio arzobispal consta de dos claustros, es administrado por las monjas de la congregación Bethania, y las habitaciones alrededor del patio son utilizadas para el servicio pastoral.
La propiedad es un edificio de grandes dimensiones que posee un importante claustro, hoy considerado como una de las principales expresiones de la arquitectura barroca colonial.
Al observar la fachada, llama la atención el escudo del obispo Marroquín, el cual tiene símbolos españoles como un castillo, que representa la nobleza, y un león, el cual simboliza la fuerza y el valor en el campo de armas.

Las habitaciones en donde vivió el religioso, ya restauradas, albergan valiosas colecciones de esculturas, pinturas y objetos personales que pertenecen al patrimonio cultural del país.
El recorrido termina con imágenes de la vida cotidiana en el siglo XXI y una sala de exposiciones donde se muestran las artesanías contemporáneas elaboradas por los actuales habitantes de la población.

Ayer y hoy
El templo y el palacio han dominado el paisaje de la localidad desde su fundación, reflejando la importancia que tuvo durante la colonia, cuando fue conocido como San Francisco de Goathemala.
Según apuntó el obispo Pedro Cortez y Larraz, la parroquia establecida en el pueblo tenía como anexos a Santa Catarina Bobadilla, San Cristóbal El Alto y Santa María de Jesús.

Llegada la época republicana, según refiere el Diccionario Geográfico de Guatemala, llegó a tener la categoría de municipio hasta el 23 de agosto de 1935, cuando fue anexado a San Pedro Las Huertas.
Pocos días después, el 27 de agosto, ambas comunidades fueron incorporadas a La Antigua Guatemala. Desde entonces figuran entre las localidades que pertenecen al cinturón verde de la Ciudad Colonial, donde sobresalen sus cultivos de café y de níspero, protagonista del festival anual celebrado cada mes de noviembre.



