Dormir poco o nada y tomar dos aviones en cuatro horas y media valió la pena para poder cumplir el objetivo de cubrir el debut de Lionel Messi y de Cristiano Ronaldo en el Mundial United 2026.
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Además de ser de los mejores jugadores de todos los tiempos, ambos hicieron historia al convertirse en los primeros futbolistas (junto al mexicano Memo Ochoa) en estar presentes en seis citas mundialistas.
La agenda puso primero a Argentina contra Argelia, y un día después Portugal frente a Congo. La Albiceleste la hizo de local, literalmente, en Kansas. Según las autoridades de esa ciudad unos 20 mil argentinos ingresaron por el aeropuerto.
Messi tuvo una actuación magistral con tres goles para darle la victoria a los suyos, pero mientras todos los sudamericanos y adeptos de otros países que le van a Argentina se desvelaron festejando, a nosotros nos tocó armar maletas velozmente y tomar dos aviones rumbo a Houston.
El duelo de los tres veces campeones del mundo terminó a las 10:00 de la noche y el de los portugueses iniciaba a las 12:00 del mediodía de la jornada siguiente (14 horas de diferencia). Nuestro primer vuelo salió a las 5:30 de la mañana.
Debido a la alta demanda de turistas no conseguimos vuelo directo (unos 1,200 kilómetros de distancia), entonces tocó hacer escala por Dallas, viendo el reloj a cada rato, porque de ahí salíamos a Houston casi a las 8:45.

Por dicha todo en tiempo y por ser conexiones internas en Estados Unidos el tiempo en trámites de migración se reduce a pocos minutos.
En Houston estábamos ya a las 10:00 esperando el taxi para ir a dejar las maletas al nuevo hotel y después a buscar el estadio y a la multitud que asistió a la cita con la camisola de Portugal y el 7 en la espalda.
Tribuna de lujo
A las 11:40, 20 minutos antes del arranque del compromiso ya ocupábamos nuestro sitio en la tribuna de prensa del gigante y moderno estadio de Houston. Desde ahí, la fila 4 y el asiento 129 presenciamos el debut del "Bicho" y el empate sorpresivo 1-1 de Portugal y Congo.
En la cancha no le fue tan bien, pese a contar con el apoyo leal de su público, que coreaba su nombre y le festejaba todas las jugadas que tuvo y las que intentó. El número de su camisola, 7, son las veces que intervino en el juego. Poco, o muy poco, para una figura como él. No se le vio cómodo y solo tuvo dos oportunidades ofensivas, pero no tan claras.
Sus gestos no fueron tan intensos como los de casi siempre, incluso en las indicaciones para sus compañeros; más bien se le notó más sereno.

Igual, haya hecho poco o mucho, salió del terreno de juego ovacionado. Él alcanzó a pedir una especie de disculpas con las manos mientras caminaba casi en solitario al camerino. Un par de rivales lo saludaron, pero ninguno se atrevió a pedirle la camisola. Mientras tanto, sus compañeros, al otro lado del campo, saludaron un poco tímidos a la afición y luego lo siguieron a los vestuarios.
Esto apenas empieza, pero que hermoso poder haber visto a los dos gigantes del futbol mundial en menos de un día. Que sigan las emociones y ya se juega la segunda jornada para todos los grupos.



