La fiesta del Mundial sigue, pero es verdad que los rostros festivos y sonrientes de los aficionados cambiaron un poco para la semifinales, ahora hay más nervios y urgencia por entrar rápido al estadio para agarrar su lugar.
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Duelo de europeos, pero también de miles de seguidores neutrales que tuvieron el privilegio de estar en la clasificación española a su segunda final de Mundial de toda la historia.

La afición, como en el resto de partidos, va llegando como puede. Si es en carro, a buscar parqueo y a sacar la billetera porque puede costar hasta 200 dólares (por seis horas). Demasiado. Si es en taxi, a caminar bastante y la opción de buses de la organización funciona, aunque un poco lentos y hay que hacer cola.
Los grupos organizados de porras tienen que ser acompañados por la policía, que, por cierto, también tuvo mayor presencia para esta instancia. Entonces llaman la atención porque llegan cantando, saltando y hasta tirando humo con bengalas. La policía los deja en la puerta de la localidad a la que van a entrar. Y adentro se apuñan y se hacen sentir.

La peña, como le dicen los de La Roja, fue más. Mayor en presencia y bulla, con bombos, trompetas y voz ronca para gritar: ¡Que viva España!
Los franceses, con su famoso ¡Allez les Bleus!, un poco tímido, llamó la atención, parecido a lo de sus jugadores en el partido.



