Viaje express a Guadalajara, pero valió la pena. En el moderno estadio donde juegan las Chivas, se vieron las caras uruguayos y españoles, quizá, por nombres, el duelo más esperado de la fase de grupos.
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Puede ser por la cercanía, porque somos vecinos, pero se sintió como volver a casa, luego de casi 15 días recorriendo Estados Unidos en la cobertura mundialista.

El tráfico pesado y los bocinazos nos dieron la bienvenida en suelo mexicano, y también un muy amable taxista que quiso fungir de guía turístico para, en los 42 minutos de trayecto, intentar convencernos de que acá está la mejor comida y atractivos de su país.
Ya cerca del recinto, vivimos otra bonita experiencia de lo que es un Mundial. Miles de turistas, de otras naciones a las del partido, pero apoyando por cariño o recuerdos de la infancia.
"Yo vi jugar a Enzo Francescoli y era un lujo", comentó un seguidor salvadoreño, pero con la celeste de los sudamericanos encima.

También llegaron seguidores con camisa de Real Madrid y Barcelona que le van a España, incluidos un par de guatemaltecos. Otros compatriotas sí llegaron con los colores azul y blanco.
El clima también nos recordó Guatemala, gran sol a mediodía, luego un aguacero que duró unos 20 minutos para darle paso a un hermoso cielo despejado previo al pitazo inicial.
En el partido lujo ver a Yamal, porque es de los jugadores que siempre encaran cuando ven un espacio. Regate, habilidad y la portería entre ceja y ceja siempre.

La oferta gastronómica varía un poco, con relación a los estadios de más al norte. Acá muchos poporopos y pizzas; y no tantas hamburguesas y hot dogs.
De tomar: cerveza, gaseosa y tequila, novedoso. Eso sí, cada vaso de cualquier bebida supera los 100 quetzales. Lo caro, no cambia.
¿Y de música en las pausas? "Puro mexican", mariachis, la Chona y el infaltable Cielito Lindo. Las horas de avión valieron la pena, hola y adiós México porque este sábado ya estamos de nuevo en Dallas para ver el Argentina ante Jordania. ¡Qué no pare la fiesta!



