A primera vista parecen trozos de roca marrón. Pero el polvo y arena que las cubren esconden su terrible origen: lo que parecen piedras son restos de grasa humana, huesos y dientes de un número desconocido de personas que fueron disueltas en barriles con ácido, sosa caústica y otras sustancias químicas.

Pertenecen a personas desaparecidas en Tijuana, Baja California, durante los primeros años de la guerra contra el narcotráfico en México. Quedaron convertidos en una mezcla líquida que se depositó en aljibes, donde permanecieron varios años hasta que los encontraron familiares de las víctimas.
El autor de este horror es Santiago Meza López, "El Pozolero", un exalbañil detenido en 2009 quien confesó haberse deshecho de al menos 300 cuerpos.
Junto con otros jóvenes se encargaba de hacer desaparecer los cadáveres que le entregaba una banda vinculada con el Cartel de Sinaloa.
A Meza López le dicen "El Pozolero", en referencia a un platillo que se prepara con granos de maíz y carne de cerdo. El sobrenombre, sin embargo, nada tiene que ver con la comida, sino con la habilidad del albañil para deshacerse por completo de cuerpos humanos.
La primera finca donde encontraron restos humanos desechos por ácido fue Ojo de Agua. Las otras dos fosas con estas características fueron encontradas en las fincas La Gallera y Loma Bonita.
La historia de "El Pozolero"
"El Pozolero" era empleado de Teodoro García Simentel, uno de los jefes de cartel de Sinaloa que desde 2008 se separó del grupo, lo que provocó una batalla que causó más de 3 mil muertos.
A muchos de ellos los disolvió "El Pozolero". A pesar de su confesión no se conoce el número exacto de víctimas.
Los restos de cuerpos disueltos en químicos no son identificables ya que no se les pueden realizar pruebas de ADN.
Se calcula que en México hay más de 22 mil personas desaparecidas provocadas por la denominada "guerra contra el narcotráfico".




