Ubicados en el quinto nivel del imponente estadio Ciudad de México presenciamos, casi sin parpadear, la ceremonia completa y el partido inaugural del Mundial 2026.
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La tribuna de prensa está casi hasta arriba del coloso, pero también entre el público, por ello vivimos de cerquita cómo viven los mexicanos su fiesta.
Se gozaron desde el primer segundo el show musical, y cómo no, si arrancó con todo: Maná. Luego pasaron Belinda, Los Ángeles Azules, Shakira, entre otros, antes de darle paso a Andrea Bocelli y Alejandro Fernández, quien cantó, junto a 80 mil almas, el Himno de México.

Cuando sonó el silbato se vivió pura emoción, aunque por ratos parecía decaer el ánimo. El partido rápido tuvo gol gracias a un remate de Julián Quiñónez, al minuto 9; a partir de ahí, más calma y menos nervios.
Desde mi lugar, veía como los vendedores de bebidas y comida subían y bajaban las gradas llevando lo que los aficionados les pedían.
La cerveza se terminó en el segundo tiempo. Cada vaso con sello conmemorativo del partido inaugural costaba unos 130 quetzales (ya hecha la conversión). También había gaseosas de la marca patrocinadora.

El segundo tanto cayó al minuto 67 gracias a Raúl Jiménez; ahí terminó de soltar la adrenalina la multitud mexicana. También por los aires volaron vasos con restos de cerveza y gaseosa, una tradición en este estadio que no cayó muy bien en los inesperadamente mojados periodistas.
Al final, alegría, la gente salió con sonrisa de oreja a oreja a bailar y a disfrutar su fiesta.



