Los graderíos del techado del estadio de Houston estaban pintados de rojo casi en un 80 por ciento, otra parte verde (muchos mexicanos) y luego de otra variedad de colores.
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Pero contradictorio, este sábado ninguna de las dos selecciones utilizó su uniforme titular, el rojo. Canadá salió de negro y Marruecos de blanco, pero los fanáticos sí llegaron de gala.
Este fue el último partido que albergó Houston, luego de siete jornadas intensas que empezaron el ahora lejano 14 de junio, con la goleada de Alemania sobre Curazao. Ambos ya están en casa. Se extrañará, de este bonito recinto, su buena vista para ver los juegos y el ambiente templado que ofrece su aire acondicionado. Porque afuera el calor quema.

Distinto a otros partidos de alta demanda en United 2026, vimos desfilar a la gente con tranquilidad rumbo a las puertas de acceso. Hasta menos nervios colectivos se percibían porque todos iban con su boleto asegurado.
Los africanos más efusivos en las afueras, con sus tambores, se pusieron a cantar y bailar, más cuando miraban una cámara de fotos o video. Les gusta transmitir su alegría.
Previo al silbatazo inicial, sonó el himno de Estados Unidos, que estaba de manteles largos celebrando su Independencia.

El partido tuvo su ida y vuelta, su desgaste físico y buenos goles. Marruecos sigue en ruta; Canadá, uno de los tres anfitriones, dice adiós con la frente en alto.
Hasta pronto, estadio de Houston, que ya en unos días volverá a manos de sus propietarios para de nuevo recibir conciertos y la temporada de la NFL de los Texans.



