La trágica muerte de la niña Linci Nairobin Méndez Vásquez y su mamá, Norma Elizabeth Vásquez Joya, en la habitación de un hotel de la zona 1, es otro crimen que se relaciona a las pandillas, por una nota que quedó escrita en la escena del crimen. Sin embargo, la investigación deberá resolver una serie de interrogantes que ponen en duda las causas del crimen. ¿Por qué la pequeña y su mamá ingresaron confiadas con su acompañante al hotel?, como lo declaró el empleado que les rentó la habitación, ¿dónde está el padre de la niña, con quien se reunirían? Los cabos sueltos en esta historia demandan, sin duda, una investigación más profunda.
Este viernes 13 de febrero, a las 14 horas, finalmente fueron sepultadas en el Cementerio de Amatitlán. Durante dos días permanecieron en la morgue, a la espera de que algún familiar reclamara los cuerpos. Los vecinos se encargaron de recolectar fondos para la velación y el sepelio, pues la abuela de la pequeña vive también en condiciones muy humildes. Madre y hija eran conocidas en la comunidad, en Amatitlán, donde su muerte ha causado indignación.
De acuerdo con el relato de vecinos y amigos, Norma, de 30 años, y Linci, de 6, residían en un barrio humilde de Amatitlán, donde vivían en una casa de lámina. Salieron de su casa para viajar hacia la capital, pues se encontrarían con el padre de la niña.
Familiares contaron al Ministerio Público (MP) que el encuentro era para recibir el dinero de la manutención de la niña.

Quizá por eso la pequeña Linci se veía feliz y confiada cuando entró al hospedaje en compañía de su mamá y ese misterioso hombre que la envenenó con una sustancia que los médicos forenses darán a conocer en breve.
Los investigadores suponen que Linci podría haber conocido a su agresor; el hombre que las acompañaba podría ser la expareja de Norma, un muchacho originario de Escuintla, pero que actualmente vive en la colonia El Progreso, Amatitlán, un lugar considerado “punto rojo” por la alta incidencia de pandillas.
Norma Vásquez no tenía empleo fijo; conocidos comentan que se dedicaba a la economía informal: a veces vendía mangos u otras frutas. "Vendía lo que podía para ganarse la vida", aseguran.
Nadie habla de su relación con un presunto pandillero, y tampoco la relacionan con el cobro de extorsiones, como se dijo inicialmente.
Debido a los escasos recursos de la familia, la Municipalidad de Amatitlán donó el ataúd para Norma y entre los vecinos consiguieron lo necesario para comprar el de la pequeña.
Los investigadores no descartan que la nota que dejó el homicida en la habitación 2 del hotel Fuentes, en la zona 1, pueda ser un distractor, un velo que oculta otras causas de violencia en contra la mujer.




