Juega Brasil y suena la samba en las calles de las sedes mundialistas, como este lunes en Houston. La Verdeamarela atrae seguidores de todos los países.
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Entre la marea de aficionados que lucían su camisola amarilla, encontramos una historia bonita, la de Sebastián, con su hija Chochi, quienes están cumpliendo un sueño en United 2026.
Sebastián es oriundo de Sololá y tiene 15 años de vivir en Houston. Le heredó el gusto por el futbol a su pequeña y lamentó que Guatemala no haya podido clasificar. "Será para la próxima", dijo optimista antes de despedirse e ir a buscar su lugar en el estadio techado gigante, donde ganó Brasil.

Luego alegrón de saludar a compatriotas, seguimos compartiendo el colorido y el ambiente en las afueras del recinto. La gente se goza los días de partido, no solo los partidos, la jornada entera.
La experiencia incluye llegar temprano (unas tres horas antes de los juegos), para caminar con tranquilidad y hacer la fila para entrar y disfrutar el espectáculo. Antes del pitazo inicial, hay música y activación en las pantallas gigantes.
Los brasileños cantan y bailan, aunque antes de los partidos se ponen un poco nerviosos, porque viven el futbol con mucha pasión. En las camisolas que portan, no se olvidan de Pelé, Ronaldo, Ronaldinho y Romario, algunas de sus figuras históricas.

Se despiden con grandeza
Los japoneses, fieles a su estilo, llegaron y se fueron de manera respetuosa. Contagiaron y dejaron la semilla entre los seguidores de recoger la basura posterior a los encuentros. Se ganaron los aplausos y el agradecimiento eterno (Arigato).
En cuanto a los atuendos, también sacaron a relucir su creatividad, con caras pintadas y disfraces llamativos.
Los nipones tienen una gran cultura deportiva y el futbol ocupa uno de los lugares privilegiados. También beisbol, atletismo y las artes marciales.



