Cabo Verde listo para hacer magia y sacudir al mundo.
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"Somos un país pequeño, ¡pero el sueño es grande!", avisa sonriente Silvéria Nédio mientras contempla con ternura a los jóvenes aprendices de futbolistas de su escuela que batallan en un campo de Praia: su emoción resume el orgullo y el fervor de Cabo Verde antes de su primer Mundial.

Vivacidad y entrega se disputan el protagonismo una mañana en la escuela Bola pra Frente (Seguir adelante), donde los alumnos de ocho a quince años entrenan desde las ocho.
"¡Pero haz circular el balón!", estalla un adolescente, mirada exasperada y brazos caídos... "¡Juega! ¡Juega!", grita la entrenadora Josiene Lopes, de 25 años.
Regates eficaces, quiebres, caídas y goles con estilo son acogidos con grandes gritos, rostros juveniles recubiertos de sudor.
Por primera vez en su historia, Cabo Verde se ha clasificado para la Copa del Mundo.
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Con aproximadamente 520 mil habitantes, este archipiélago volcánico de diez islas es uno de los países más pequeños del mundo en superficie y población que logra clasificarse a una justa mundialista.
Alegría inexplicable
"Durante la competición, ¡Cabo Verde será visto como Francia, Argentina, como uno de los grandes equipos del mundo!", declara Nédio, apodada Nita, de 60 años, carismática presidenta de la escuela Bola pra Frente, en la capital.

Su escuela cuenta con varios exalumnos en la selección mundialista.
También entrenadora de la selección femenina de futbol del país, empezó a jugar "a los seis años en la calle, con los chicos".
Para Rafael Semedo, alumno de 14 años, la clasificación "demuestra que, con mucho entrenamiento y compromiso, es posible alcanzar objetivos importantes".
En todo el archipiélago, las escuelas se han multiplicado estos últimos años y han visto aumentar las inscripciones desde la clasificación de los Tiburones Azules al Mundial, como la reputada Escola de Preparação Integral de Futebol (EPIF), que también cuenta con varios exalumnos en el combinado nacional.
En un barrio periférico de Praia, Odair Rodrigues, entrenador en la EPIF, es escuchado religiosamente por sus alumnos sentados en círculo.

Luego los jóvenes empiezan el calentamiento, dando palmadas al unísono, conviviendo con los chicos del barrio desfavorecido que juegan al balón descalzos.
Para Odair, esta clasificación "representa el sueño de muchos entrenadores y futbolistas caboverdianos, el sueño de un pueblo".
"Mi misión es seguir alimentando este entusiasmo de los jóvenes", considera.
"Nos vamos a enfrentar a selecciones muy fuertes, pero hay que ir con la cabeza bien alta; ganemos o perdamos, habrá sido una buena experiencia", dice, resumiendo el estado de ánimo de los caboverdianos, que debutarán ante España el 15 de junio en su primer partido del Mundial de Norteamérica.
Muestra del entusiasmo que despiertan los Tiburones Azules, la acogida que se les dispensó durante su gira por varias islas a finales de mayo: concierto de batucada desatada, baños de multitud, jugadores firmando las camisetas de niños fascinados, vendedoras del mercado de Mindelo improvisando una coreografía armónica.
"Todo el pueblo de Cabo Verde está orgulloso de la selección y la gente siente que el equipo es el espejo de nuestro pueblo", se entusiasma ante la AFP el seleccionador Pedro Leitão Brito.
Desde hace casi 16 años en la selección nacional, el capitán Ryan Mendes dice haber "soñado siempre" con este momento. Espera que la Copa del Mundo "abra puertas a muchos jóvenes".
"Hay talento en todos los deportes. También hay música. Hay muchas cosas que ver en este país".
Talento natural
Los Tiburones Azules se benefician de una mayor cobertura mediática en estos últimos años.
Los jóvenes ya no tienen como única referencia a Messi o al futbol europeo, sino también a los jugadores de la selección.

"Nuestro nivel es muy bueno y nuestros niños tienen talento natural, pero no tenemos muchos recursos" para la formación, subraya Nita.
Como suele ocurrir en el archipiélago por la noche, en fin de semana día festivo, la playa de Gamboa, está tomada por jugadores que se las ingenian con lo que tienen a mano.
Se juega descalzo, los choques y el juego son intensos, unas llantas delimitan las porterías.
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Sudando, Jorge Pina, de 35 años, considera que el "país está en las nubes" antes del Mundial.
"¡Para nosotros, el futbol es como la cachupa (el plato nacional)! Futbol por la mañana, por la tarde, por la noche... ¡Cabo Verde es futbol!".



