La artesanía de San Marcos conquista Suecia gracias a Alonso Fuentes y su trabajo en la elaboración de telas típicas.
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En el caserío Llano Grande, de San Pedro Sacatepéquez, San Marcos, el constante sonido de un telar de pie sigue marcando el ritmo de una tradición que se niega a desaparecer.
Allí, Alonso Fuentes, de 59 años, ha dedicado los últimos 40 años a la elaboración de telas típicas y tela gruesa artesanal, transformando un oficio heredado de su padre en un emprendimiento familiar que ha logrado cruzar fronteras.

Su historia comenzó cuando tenía apenas 15 años. Convencido de que aprender un oficio le abriría oportunidades, su padre, Serapio Fuentes, lo envió con el reconocido artesano Adolfo Domínguez para aprender el manejo del telar de pie.
Aunque el proceso de formación estaba previsto para un año, Alonso dominó la técnica en solo tres meses gracias a su disciplina y dedicación.

Desde entonces inició la elaboración de telas típicas para la confección de camisas y, con el paso del tiempo, adaptó su producción a las nuevas exigencias del mercado, sin dejar de lado las técnicas artesanales transmitidas por generaciones.
Unión familiar
Hoy el taller es un verdadero proyecto familiar. Su esposa, Ilda Monzón, se encarga del devanado del hilo, una etapa esencial para preparar la materia prima.

Su hija, Grecia Fuentes, participa en el tejido junto a su padre, mientras que vecinos apoyan durante las temporadas de mayor producción. Incluso su nieto, Alex Daniel, observa con curiosidad cada movimiento del telar y comienza a dar sus primeros pasos en el oficio, representando la continuidad de este legado.
El proceso de fabricación conserva métodos tradicionales que requieren precisión, paciencia y experiencia. Todo inicia con la preparación de los cañones y el devanado del hilo; posteriormente se realiza el urdido, donde se forma la denominada "cruz", una guía que permite organizar correctamente los hilos antes del amarrado.

Luego el material pasa al urdidor y finalmente llega al telar de pie, donde el movimiento sincronizado de manos y pies convierte hilo por hilo en una tela resistente y de alta calidad.
La excelencia de sus productos ha permitido que el emprendimiento trascienda las fronteras de Guatemala. Actualmente, la familia trabaja en coordinación con El Puente Guatemala, organización que comercializa las telas elaboradas por Alonso para que posteriormente sean confeccionadas y exportadas por la empresa sueca Afroart.

Así, cada pieza tejida en una vivienda de Llano Grande termina formando parte de mercados europeos, llevando consigo la identidad y el trabajo artesanal guatemalteco.
"Por el contrario, fortalecimos la calidad de nuestros tejidos y mantuvimos vivo el conocimiento transmitido por mi padre. Hoy considero que el mayor logro no es únicamente exportar productos, sino haber convertido el telar en un proyecto donde participan varias generaciones de mi familia, preservando una tradición que forma parte de la identidad cultural de San Pedro Sacatepéquez", expresó.

Más que fabricar telas, la familia Fuentes continúa entrelazando historia, identidad y cultura. Cada pieza que sale de su telar lleva consigo cuatro décadas de experiencia y el esfuerzo de varias generaciones que han encontrado en la artesanía una forma de preservar sus raíces y proyectar el nombre de Guatemala hacia el mundo.





