Un trascendental hallazgo arqueológico en la cuenca del río Ixchop, Quiché, revela una roca monumental con petrograbados y un marcador astronómico prehispánico.
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La experta Marlen Garnica confirmó el descubrimiento de glifos y espirales mayas vinculados al agua y el viento. Pese a la importancia histórica de estos vestigios, el sitio enfrenta una grave crisis por contaminación ambiental y desechos sólidos, lo que urge a la protección inmediata de este tesoro cultural de Guatemala.
Lo que comenzó como un rumor resguardado por los ancianos de la localidad, se ha convertido en uno de los hallazgos históricos más importantes para el departamento de Quiché.

Expertos en arqueología confirmaron el descubrimiento de una monumental roca con petrograbados y vestigios prehispánicos en la cuenca del río Ixchop, un logro que pone a este municipio en la mira de la comunidad científica nacional e internacional.
El hallazgo, al que se le ha dado seguimiento formal desde hace más de un año, cobró fuerza con la llegada de una delegación científica liderada por la reconocida arqueóloga Marlen Garnica.
La experta dirigió la primera incursión formal en el sitio tras la invitación y coordinación de Myrna Mogollón, delegada de la Casa de la Cultura de Santa Cruz del Quiché.

Simbología
Durante la inspección técnica, los especialistas identificaron elementos iconográficos de enorme valor cultural tallados directamente en la piedra.
"La roca tiene varios motivos como espirales, tiene un pequeño signo solar y depresiones que son muy características de monumentos con arte rupestre", explicó Garnica.
Añadió que las espirales encontradas suelen estar asociadas con elementos vitales como el viento y el agua.
"Los primeros análisis sugieren que la roca estaba orientada estratégicamente hacia la salida del sol, funcionando en la antigüedad como un marcador astronómico para registrar los cambios de estaciones climáticas a lo largo del año", detalló.
No obstante, las autoridades explicaron que todavía es muy prematuro vincular el monumento a una cultura prehispánica específica.
"Nuestro territorio tiene ocupación desde casi el año 1000 antes de Cristo. Esta región posee una ocupación extremadamente temprana en la cuenca del Quiché, lo que precede a la constitución de la población contemporánea", puntualizó Garnica. Por su parte, Mirna Mogollón calificó este hecho como un hito para el país.
"Es un hallazgo arqueológico importantísimo no solo para Quiché, sino para Guatemala. Estamos demostrando que no solo hay vestigios en Tikal, sino que también nosotros acá en Quiché tenemos riqueza", manifestó.
Mogollón reveló que la piedra se encuentra enterrada aproximadamente dos metros, por lo que desde hace unos días se iniciaron excavaciones locales para limpiar la estructura y permitir la lectura e interpretación de los glifos.

Tesoro en riesgo
Sin embargo, el histórico descubrimiento se topa con una triste y alarmante realidad: el abandono ambiental.
La expedición científica tuvo que descender por una ladera plagada de desechos sólidos, encontrando vidrios, pañales usados y bolsas de basura de gran tamaño que los pobladores lanzan desde el puente sobre el río, principalmente en horas de la noche.
La acumulación de contaminantes ha alcanzado niveles críticos de sedimentación que amenazan con hacer desbordar la corriente cuando este crezca.

Ante el escenario, Felipe Ajanel, representante de la municipalidad de San Antonio Ilotenango, aseguró que la comuna tomará cartas en el asunto de manera inmediata.
"Se unificarán esfuerzos institucionales para resguardar el área arqueológica y se implementarán programas urgentes de concientización ambiental para frenar el flujo de basura en el sector del río", señaló.
Asimismo, el funcionario edil adelantó que, debido a que la geografía actual del terreno vuelve el lugar casi inaccesible para el público, se buscará la forma de adecuar un área específica y segura para futuros visitantes.

Metas
La expedición científica apenas empieza. Las investigadoras anunciaron que ya se planifica una segunda incursión para el mes de diciembre o los primeros días de enero, aprovechando la época seca.
Con la bajada del caudal del río, el equipo arqueológico buscará adentrarse más en la cuenca para documentar otros vestigios e integrar este patrimonio al servicio de la comunidad quichelense.





