San Juan Perdido: Ruinas que guardan la fe de San Felipe de Jesús

  • Con información de Marlen Anaí Mis
10 de julio de 2026, 00:00
San Juan Perdido: Ruinas que guardan la fe de San Felipe de Jesús.  (Foto: Manuel Peralta/Colaborador) 

San Juan Perdido: Ruinas que guardan la fe de San Felipe de Jesús.  (Foto: Manuel Peralta/Colaborador) 

Las ruinas de San Juan Perdido en Santa Lucía Cotzumalguapa, Escuintla, envuelven un debate histórico sobre el origen del Señor Sepultado de San Felipe.

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Una investigación de la USAC revela la verdad tras San Juan Aloteca, desmintiendo leyendas coloniales en este sitio arqueológico y turístico de Guatemala.

Esta narrativa fue replicada por décadas por diversos autores y medios de comunicación, consolidándola como una verdad histórica incuestionable en la cultura guatemalteca.

Investigación USAC revela secreto de San Juan Perdido en Escuintla.  (Foto: cortesía/Urbexploringgt)
Investigación USAC revela secreto de San Juan Perdido en Escuintla. (Foto: cortesía/Urbexploringgt)

Investigación de la Usac: desmitificando la historia de San Juan Aloteca

Para esclarecer este misterio, el historiador Mario Alfredo Ubico Calderón, de la Universidad de San Carlos (Usac), realizó una profunda investigación en el Archivo General de Centro América que desmitifica la leyenda.

¿Leyenda o Realidad? El enigma de San Juan Perdido en Escuintla. (Foto: cortesía/Urbexploringgt)
¿Leyenda o Realidad? El enigma de San Juan Perdido en Escuintla. (Foto: cortesía/Urbexploringgt)

Los documentos revelan que el pueblo realmente se llamaba San Juan Aloteca y que en 1670 no estaba extinto, sino que contaba con una población activa de más de 700 personas. Su desaparición real ocurrió poco después de 1747 debido al declive económico y demográfico generalizado de la región.

 

 

También demuestra la inviabilidad geográfica y legal del supuesto traslado colonial, ya que San Juan Aloteca pertenecía a la Alcaldía Mayor de Escuintla, mientras que San Felipe correspondía al corregimiento de Guatemala; las leyes de la Corona Española prohibían mover poblaciones o bienes sagrados fuera de su jurisdicción territorial.Por ello, cuando el pueblo finalmente se extinguió, sus pocos habitantes sobrevivientes, sus imágenes y sus enseres sacros fueron reducidos y trasladados a la sede parroquial más cercana, la cual fue Santa Lucía Cotzumalguapa.

Las ruinas del templo de San Juan Perdido han atraido a visitantes durante años.  (Foto: cortesía/Silverhechosgt)
Las ruinas del templo de San Juan Perdido han atraido a visitantes durante años. (Foto: cortesía/Silverhechosgt)

Los inventarios de la cofradía y el verdadero origen del Cristo Yacente

Los inventarios eclesiásticos de San Juan Aloteca de 1745 respaldan este hallazgo, ya que registran una sola cofradía y una única escultura titular: la de San Juan Bautista, sin encontrar rastro alguno del Cristo de las Ánimas.

El análisis documental y estilístico sugiere que el actual Señor Sepultado de San Felipe nació de la modificación de un Cristo Crucificado propio de su localidad a finales del siglo XVIII, un cambio devocional que se confirma en 1804 cuando aparece registrado por primera vez como un "Santo Sepulcro" en los inventarios del templo de San Felipe Apóstol.

 Investigaciones de la Usac revelaron que el antiguo pueblo de San Juan Aloteca nunca albergó al Cristo de las Ánimas.  (Foto: cortesía/Cristovisión)
Investigaciones de la Usac revelaron que el antiguo pueblo de San Juan Aloteca nunca albergó al Cristo de las Ánimas. (Foto: cortesía/Cristovisión)

Turismo histórico en Escuintla: un vestigio entre cañaverales

A pesar de que los datos históricos desvinculan la escultura de las selvas de Escuintla, las ruinas de San Juan Perdido siguen siendo un sitio arqueológico y turístico imprescindible en la costa sur.

Ubicadas estratégicamente en el camino que conecta el casco urbano de Santa Lucía Cotzumalguapa con el ingenio Los Tarros, sus imponentes muros de piedra rodeados de cañaverales funcionan hoy como el cementerio local.

Este místico rincón guatemalteco se mantiene como un testimonio silencioso del pasado, donde la investigación académica y las leyendas de la fe popular coexisten de manera imperecedera.

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