Las preferencias de los jóvenes guatemaltecos al momento de elegir una carrera universitaria están cambiando.
OTRAS NOTAS: Escuela Bancaria y Universidad Rafael Landívar formalizan alianza académica
Las expectativas de conseguir empleo rápidamente, obtener mejores ingresos y reducir el tiempo de formación académica figuran entre las razones que, según especialistas, están influyendo en la disminución de estudiantes en determinadas disciplinas.
Estos cambios de expectativas afectan tanto las carreras científicas como humanísticas. Por ejemplo, los datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) reflejan que carreras tradicionales como Economía, Letras, Sociología, Filosofía, Arqueología y Antropología registran cantidades reducidas de estudiantes matriculados en las universidades del país.
Según información de la Unidad de Estadísticas de Educación, de la Dirección de Índices y Estadísticas Continuas del INE, entre 2022 y 2025 estas seis licenciaturas acumularon 2,427 matrículas.
Las estadísticas muestran que Economía acumuló 12 matrículas durante los cuatro años analizados, seguida de Letras con 207, Sociología con 419, Filosofía con 439, Arqueología con 591 y Antropología con 759.
En conjunto, estas carreras registraron 1,020 matrículas en 2022, cantidad que disminuyó a 760 en 2023 y a 284 en 2024, sin embargo, durante 2025 se observó una recuperación parcial, al contabilizarse 363 matrículas.
Esto significa que, aunque la cantidad de estudiantes aumentó entre 2024 y 2025, el registro más reciente continúa siendo considerablemente inferior al observado en 2022.
En las universidades en general, Economía y Sociología fueron las carreras con menor matrícula en 2025, con seis y dos estudiantes, respectivamente, según los datos proporcionados por el INE.
Los registros permiten identificar una disminución general entre los extremos del período analizado, aunque no todas las carreras presentan una caída continua año tras año.
Diferencia frente a Derecho
La magnitud de estas cifras resulta más evidente cuando se comparan con carreras que concentran una mayor cantidad de estudiantes universitarios, como Ciencias Jurídicas y Sociales. Según los datos del INE, durante 2025 se matricularon 19,065 estudiantes en la Licenciatura en Ciencias Jurídicas y Sociales, una cantidad superior a la registrada en las seis disciplinas examinadas.
Para dimensionar la diferencia, las 2,427 matrículas acumuladas por Economía, Letras, Sociología, Filosofía, Arqueología y Antropología durante los últimos cuatro años equivalen apenas al 12.73% de las registradas por Ciencias Jurídicas y Sociales únicamente en 2025.
La diferencia es todavía mayor cuando se compara exclusivamente el mismo año pues las 363 matrículas registradas en las seis carreras durante 2025 representan solamente el 1.90% de las 19,065 correspondientes a Ciencias Jurídicas y Sociales.
Sobre las carreras científicas
En el caso de la USAC) hay unidades académicas que también reportan descenso en la afluencia de estudiantes. Por ejemplo, la Escuela de Ciencias Físicas y Matemáticas y el Centro de Estudios del Mar y Acuicultura, apenas superaron los 200 estudiantes en 2025.
Los reportes generados a finales de 2025, señalan que en la licenciatura en física matemática sólo había 207 alumnos, mientras que en el Centro de Estudios del Mar y Acuicultura había una cifra similar (incluido posgrado).
Julio Cardona, director de Calidad e Innovación Educativa de la URL, señaló que las aspiraciones laborales han cambiado y que una parte de los jóvenes prefiere trayectorias educativas más cortas, adaptables y compatibles con la necesidad de trabajar.
Precisó que esto responde a que ingresar a la universidad representa una inversión económica que no se limita al pago de matrícula.

Asimismo, los estudiantes también deben considerar transporte, materiales y otros gastos, además del costo de oportunidad que supone dedicar varios años a su formación en lugar de incorporarse inmediatamente a una actividad remunerada.
Cardona explicó que actualmente los jóvenes analizan cuánto dinero necesitarán invertir, cuánto tiempo dedicarán a sus estudios, cuáles serán sus posibilidades de conseguir empleo y qué oportunidades tendrán para desarrollarse económica y profesionalmente.
Agregó que la decisión universitaria deja de responder exclusivamente a los intereses vocacionales y adquiere una dimensión económica cada vez más importante.
LEA MÁS: Herrera pide a la PDH proteger a estudiantes de la USAC ante eliminación de matrícula
Transformación profunda de criterios
Para Silvia Cruz, directora del Centro de Orientación y Admisión de la Universidad Rafael Landívar (URL), el comportamiento observado no necesariamente significa que los jóvenes estén perdiendo interés por la educación superior.
A su criterio, lo que está ocurriendo es una transformación profunda en los criterios utilizados para elegir una profesión.
La especialista explicó que los aspirantes evalúan con mayor atención la pertinencia de los programas académicos, su flexibilidad y el tiempo que necesitarán para recuperar la inversión realizada durante sus estudios.
Cruz identificó tres prioridades que influyen en las decisiones de los jóvenes, conseguir empleo rápidamente, acceder a titulaciones intermedias o técnicas y contar con programas académicos flexibles que incorporen herramientas tecnológicas.
Tecnología modifica preferencias
Las transformaciones del mercado laboral y el desarrollo de nuevas tecnologías constituyen otro elemento que influye en las decisiones académicas.
Jacqueline Paredes, vicedecana de la Facultad de Ingeniería de la URL, consideró que los jóvenes están eligiendo su profesión en un contexto caracterizado por cambios constantes en las habilidades que requieren las empresas.
La especialista hizo referencia al Informe sobre el Futuro del Empleo 2025, del Foro Económico Mundial, que estima que el 39% de las habilidades laborales actuales cambiarán o quedarán obsoletas hacia 2030.
LEA TAMBIÉN: La Feria Universitaria que reúne carreras, becas y miles de oportunidades
Para Paredes, este escenario implica que la elección profesional no debe concentrarse únicamente en identificar carreras que puedan resistir los avances de la inteligencia artificial.
El desafío consiste en desarrollar capacidades que permitan a los futuros profesionales adaptarse a las transformaciones tecnológicas y continuar aprendiendo durante su trayectoria laboral.
En ese sentido, consideró necesario fortalecer competencias como el pensamiento crítico, la ética, la innovación, las habilidades interpersonales y la resolución de problemas.
Su planteamiento también coloca una responsabilidad sobre las universidades, que deberán preparar profesionales capaces de responder a necesidades laborales que todavía están evolucionando.
La disminución de estudiantes también abre un debate sobre la sostenibilidad de programas universitarios que forman profesionales especializados en áreas con una demanda reducida.
Lissette Aguilar, directora de Trayectoria Estudiantil de la URL, advirtió que las universidades deben revisar continuamente sus programas, incorporar nuevas áreas de conocimiento y adaptar sus propuestas académicas a las necesidades de la sociedad.

Sin embargo, consideró que estas transformaciones no deberían significar el abandono de disciplinas que continúan siendo importantes para Guatemala.
La especialista señaló que dejar de formar profesionales en determinadas áreas podría provocar dificultades para atender necesidades sociales y laborales, además de reducir la disponibilidad de talento especializado.
Esto implica que las instituciones educativas deben encontrar un equilibrio entre responder a las preferencias de los estudiantes y conservar los conocimientos necesarios para el desarrollo nacional.
Aguilar destacó la importancia de promover la capacidad de aprender durante toda la vida, como una herramienta para que los profesionales puedan actualizarse frente a los cambios de la sociedad.
Mientras que Cardona consideró que algunos programas universitarios necesitan transformarse porque su estructura ya no responde completamente a las expectativas actuales de los estudiantes y del mercado laboral.
Para lograrlo, planteó la necesidad de fortalecer los vínculos entre las universidades, el Estado, las organizaciones sociales y los sectores productivos.
LEA ADEMÁS: Nueva convocatoria de becas SEGEPLAN para estudios universitarios
Usac enfrenta otros problemas
Desde la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), única universidad pública del país, el fenómeno también genera un debate relacionado con la responsabilidad de conservar disciplinas científicas que no necesariamente responden a las demandas inmediatas del mercado laboral.
Cristhians Castillo, integrante del Área Sociopolítica del Instituto de Problemas Nacionales de la USAC (Ipnusac), explicó que la universidad estatal tiene un mandato constitucional que incluye participar en el estudio, discusión y propuesta de soluciones a los problemas nacionales.
Por esa razón, consideró que la institución no puede evaluar la continuidad de sus carreras únicamente desde una perspectiva de rentabilidad económica.
Castillo señaló que disciplinas como Filosofía, Economía, Sociología y Antropología constituyen áreas fundamentales del conocimiento, porque permiten comprender fenómenos que posteriormente son abordados desde campos profesionales más especializados.
A su criterio, aunque determinadas carreras tengan pocos estudiantes, la universidad pública debe conservarlas debido a su importancia para la formación científica y el pensamiento académico.

El especialista recordó que este debate no es reciente y que desde su experiencia como estudiante de Economía existían cuestionamientos sobre el costo de mantener programas con cantidades reducidas de alumnos.
Como ejemplo, relató que mientras algunas aulas de Auditoría reunían aproximadamente 170 estudiantes y otras de Administración de Empresas alcanzaban 125, en determinados momentos llegó a ser el único alumno de una clase de Economía.
Sin embargo, Castillo consideró que la universidad pública no debe someter toda su oferta académica a las exigencias del mercado, porque también tiene la responsabilidad de conservar las disciplinas que sirven de base a otros conocimientos.
Asimismo, señaló que la Usac ha ampliado su oferta de maestrías y doctorados, además de realizar procesos de actualización curricular para responder a las nuevas necesidades profesionales.
Gabriela Gaytán, especialista en Comunicación y Sociología de la Usac, explicó que uno de los principales problemas de la Sociología ha sido la limitada promoción de la carrera y el desconocimiento sobre sus posibilidades de ejercicio profesional.
LE PUEDE INTERESAR: Asociación Bancaria y Universidad del Valle lanzan diplomado de gestión de riesgos
Según la experta, a diferencia de otras profesiones cuyo campo laboral resulta más fácil de identificar, el trabajo de un sociólogo puede desarrollarse en diferentes ámbitos de investigación, análisis y especialización.
Gaytán afirmó que algunos estudiantes cursan Sociología como una segunda carrera para ampliar sus herramientas teóricas y fortalecer su formación profesional.
Además, consideró que la falta de una comunidad profesional suficientemente articulada fuera de las universidades dificulta la visibilidad de quienes se dedican a esta disciplina.
La especialista explicó que numerosos profesionales terminan siendo identificados por sus áreas de especialización y no necesariamente por su formación sociológica.
Gaytán precisó que en la Escuela de Ciencia Política de la Usac se han presentado semestres sin nuevos estudiantes de Sociología, una situación que motivó iniciativas de promoción impulsadas por estudiantes organizados.

La importancia de conservar el conocimiento
Castillo también resaltó que la disminución del interés por determinadas carreras debe analizarse desde las condiciones del sistema educativo y las nuevas aspiraciones sociales.
A su juicio, algunos jóvenes han dejado de percibir la educación universitaria como una vía indispensable para mejorar sus condiciones económicas.
El especialista puntualizó que actualmente existen expectativas relacionadas con obtener ingresos rápidos, desarrollar actividades digitales o alcanzar una posición económica sin necesariamente completar una formación profesional prolongada.
También mencionó que los ejemplos de empresarios tecnológicos que alcanzaron el éxito sin concluir sus estudios universitarios han contribuido a cuestionar, entre algunos jóvenes, la necesidad de obtener un título.
Sin embargo, advirtió que estas percepciones pueden restar importancia a la preparación académica y al conocimiento científico que requieren numerosas actividades profesionales.



