Lionel Messi habla con goles. Cuando no anota, baja la cabeza y se le ve triste. ¿Recuerdan cuando no marcaba con el Barcelona y la albiceleste? Sí, justo así. Se le veía más silencioso, como si fuera posible que alguien que casi nunca habla pueda estar más callado. Este martes, con dos golazos ante Nigeria, sonreía. Y con él, sonreíamos todos los que seguimos a Argentina en este mundial.
Y sonreíamos hasta que el balón llegaba a la zaga… Entonces, empezábamos a sufrir. Segundos o minutos de puro sufrimiento, de bajar todos los santos posibles… Y cuando Messi dejó la cancha, todo fue peor.
Un colega argentino me decía que importaba poco si la albiceleste encajaba goles si durante el partido se marcaba más. Simple aritmética: “Si Argentina recibe 10 goles, puede marcar 14”, me dijo. “Y Messi parece que ya se encontró con su juego, con el gol.”
Nadie puede decir que no, el partido contra Nigeria mostró al mejor ataque de Argentina. Claro, mientras Messi estuvo en el juego.
¿Qué quieren que diga? Messi y sus goles, gustan, enamoran y hacen soñar. Su defensa, no. Esa da miedo.
Y Argentina, como equipo, no puede ser solo “la Pulga”. Tras su salida, al 63’, la albiceleste decayó en al ataque frente a Nigeria. Fue como si la mirada de Lio, una que me pareció llena de desdén y decepción por la decisión de Sabella de sacarlo del juego, de cuidarlo para los enfrentamientos directos, se convirtió en el juego de sus compañeros: Se apagó Argentina, justo como se apagó la mirada de Messi.

¿Qué pasó tras su salida? En el ataque, poco o nada. Todo se resume en un número: dos. ¡Dos llegadas de peligro en 30 minutos! El 4-3-3 de Sabella se convirtió en un 4-4-2, con Lavezzi haciendo la hombrada y el recién ingresado Álvarez tratando de incomodar al frente, pero al fin solo tratando. Aplausos para ambos. Higuaín y Di María, en deuda.
¿Y en la defensa? Salvo algunas excepciones, lo que pasó fue más mala suerte de Nigeria que mérito de la zaga albiceleste. ¿Así de crudo? Sí. Y lo fue desde antes de que saliera Messi. En el 4-3-3 de la pizarra de Sabella, al ataque corren por las bandas Zabaleta y Rojo, pero la transición a la hora de defender es tan lenta que da espacios para cualquier mala sorpresa. El primer gol de Musa, recibiendo solo a placer el balón en el borde del área grande, adelantándolo, dando dos pasos y luego disparando una potente diagonal al segundo palo fue un ejemplo de ello.
… Pero Messi anda volando, tiene ganas de sonreír…
Sí, pero es solo uno. Y Suiza no es Nigeria. Los suizos tienen a Shaqiri, el delantero del Bayern Munich, el que le hizo los tres goles a Honduras; y tienen a Mehmedi, Xhaka y Drmic, hombres que salen desde la media cancha, que se combinan desde atrás para jalar marcas, para abrir espacios, para romper la defensa del rival.
… Pero Messi se reencontró con el gol. Dos salvadores en los primeros encuentros. Dos golazos ante Nigeria…
Sí, pero su defensa todavía no se ha encontrado con su juego. Y si la zaga rival encierra a Messi, y recupera el balón, y se arma en contraataque, y encuentra a los defensores llegando tarde a sus posiciones, la aritmética se puede romper.
Es más, si nos ponemos serios, sin Messi, tampoco la delantera albiceleste se ha encontrado con su juego.
… Pero los dioses del fútbol no decepcionarán a tanto hincha argentino, me dicen…
Ojalá, así sea y pueda celebrar los goles de una pulga sonriente... Mientras, seguiré apretando los dientes cada vez que el balón llegue a la zaga albiceleste.




