Escritores, pintores y artistas guatemaltecos acompañan a pastores, "diablitos", “chalanas”, mariachis, palestinos, musulmanes, toreros y procesiones, en un pesebre gigante, donde convergen cada año para recrear un peculiar y anárquico nacimiento navideño.
Quizá no sea el más grande, o el más bonito, pero muchos podrían asegurar que es el más original. Así es el Nacimiento navideño de José “El Sordo” Barnoya, médico, escritor y huelguero vitalicio de la Universidad de San Carlos, repleto de recuerdos y anécdotas, donde cabe la humanidad entera y se baila un fiesta de paz.
Barnoya, con 83 años en su mirada, recuerda que comenzó la aventura de construir un nacimiento cada Navidad en 1967, cuando contrajo matrimonio. En ese entonces sus amigos le obsequiaban figuras de pastores para adornar el nacimiento que heredó de sus padres.
Entre 1974 y 1980, armar el nacimiento era cada vez más complicado, pues las piezas se amontonaban por decenas y parecían tener vida propia, pues cada una contenía anécdotas y un recuerdo precioso.

Actualmente posee más de 200 figuras, sin contar las casitas; cuenta alrededor de 20 iglesias y varios misterios del nacimiento. “Solo tengo a un Santa Claus, no me gusta mucho, es un Santa borracho, pero que también está feliz”, comentó.
Tiene piezas que le han obsequiado de la India, una Marimba de Honduras, una plaza de toros de Colombia. “Tengo a Jorge Luis Borges (escritor); por ahí andan otros a quienes admiro mucho. Solo me falta una imagen de Chespirito, no tengo ninguna”, comentó con relación al reciente deceso del comediante.
La humanidad en paz
Para Barnoya, su nacimiento refleja a la humanidad unida, como debe ser. Personas que no tienen nada en común dándose la mano entre ellos y conviviendo sin odio en un solo universo.
La muerte y la vida

“El Sordo”, como le apodan a Barnoya, colocó la figura de un caballo en honor a Mario Monteforte Toledo, cuando el célebre escritor guatemalteco murió en 2003; a partir de ese momento comenzó a colocar figuras que representan a sus amigos vivos y muertos.
Además, la muerte o la “Chalana” se encuentra en cualquier rincón del nacimiento, símbolo de los estudiantes huelgueros de la USAC, y la ha estado presente en su literatura: “Siempre vivas a la muerte”, libro publicado en 1981 o “La Huelga de Dolores”, publicado en 1979, entre otros.



