Diego André Escobar, nació de 35 semanas, el 8 de septiembre de 2017, desde entonces no ha tenido la oportunidad de salir de hospital ni de conocer otro lugar; sus padres viven en ese cuarto de hospital, con el único fin de que el pequeño Diego pueda vivir.
Si lo ves no podrías adivinar por lo que ha pasado, su amplia y eterna sonrisa te habla de ternura y felicidad, no del sufrimiento que ha vivido. Sus cicatrices lejos de dejarle un carácter malhumorado o triste, parecieran ser solo testigos de la alegría que le provoca vivir un día más.
ESTA ES SU HISTORIA:
Por ser prematuro, sus pulmones no se desarrollaron bien y estuvo conectado a un respirador en cuidados intensivos. A los 7 días, los doctores dieron la buena noticia: ya podía respirar bien y le iban quitar el respirador, pero ese momento se vio opacado al saber que Diego no había defecado y debían realizar unos exámenes".

Ese mismo día lo tuvieron que operar de emergencia y el pronóstico fue desgarrador, se trataba de una malformación congénita que hizo que el intestino delgado se desprendiera de un lado y diera vuelta dos veces, provocando que se estrangulara en su totalidad, indica Eugenia Sical, madre del pequeño. En ese momento le dieron 72 horas para ver si volvía a funcionar nuevamente.
Cumpliéndose el tiempo volvieron a operarle, a los 10 días de nacido. Durante la cirugía, los médicos mandaron a llamar a los papás y les dieron la peor noticia: tenía "muerte intestinal" y el pronóstico no era nada alentador. El cuerpo del pequeño empezaría a colapsar poco a poco hasta finalmente morir, pues sin intestinos no hay forma de sobrevivir.

Tal noticia destrozó a toda la familia. Eugenia cuenta que le dieron a cargar a su hijo por "primera y última vez", la idea era que se despidiera de él y aceptara que no había nada más que hacer. Sin embargo la fe y la fuerza de Diego sobrepasaron todo pronóstico.
Sin lógica ni explicación, Diego sobrevivió hora a hora, día a día, semana a semana hasta que los médicos se dieron por vencidos y hoy le declaran abiertamente como "un milagro". El bebé cumplió ya 20 meses de vida, e inexplicablemente su desarrollo es el de un niño normal, aún sin tener intestino delgado.
"Dios tenía otros planes para su vida", dice Eugenia, "tenemos fe de que su intestino se recuperará al 100%, los doctores dicen que es un milagro, es fuerte y está creciendo de acuerdo a su edad y está con vida. Es un guerrero", afirma.
Diego vive porque está conectado con un catéter que va directo a su corazón donde recibe alimentación parenteral, ya que aún no puede comer nada. El catéter acarrea sus propios problemas ya que deben cambiarlo de lugar frecuentemente para evitar endocarditis e infecciones.

Apoyo
Hoy sus padres, con los bolsillos vacíos, pero con el corazón lleno de fe, recurren a ti para que les ayudes a pagar la deuda del hospital que asciende a USD $200mil y para pagar la alimentación parenteral. En el hospital pagan USD $700 diarios.
Puedes donar en las cuentas monetarias a nombre del papá Julio Eduardo Escobar:
BANRURAL 3146008589
GYT CONTINENTAL 029-0069071-6
INDUSTRIAL 412-005196-8
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