Fuertemente endeudada, la ciudad de Roma se encuentra al borde de la quiebra después de que el parlamento rechazara otorgarle una ayuda financiera especial, lo que se revela como un verdadero rompecabezas para el nuevo primer ministro italiano, Matteo Renzi.
El alcalde de la "Ciudad Eterna", Ignazio Marino, amenazó con suspender todos los servicios municipales -transportes, recolección de residuos, etcétera.- si no se encuentra una solución rápida.
"¡No seré un nuevo Nerón!", advirtió, haciendo alusión al terrible emperador romano, quien tocaba la lira mientras miraba cómo la ciudad se incendiaba.
Marino, quien administra la capital italiana desde hace apenas varios meses, tras las elecciones municipales de junio pasado, ha tenido que enfrentarse a un déficit presupuestario de 1 mil 118 millones de dólares.
La ciudad podría ser puesta bajo tutela de administración si no logra superar este déficit, para lo que debería tomar drásticas medidas.
Marino preveía una financiación por parte del Estado italiano como una compensación suplementaria consecuencia de su rol de capital, entre otros por la enorme afluencia de turistas y las numerosas manifestaciones nacionales que acoge, como el evento para la canonización del Papa Juan Pablo Segundo
Otras ciudades, que también enfrentan grandes dificultades financieras, no consideran que esta eventual ayuda a la capital sea equitativa.
Según subrayó, los autobuses podrían dejar de circular a partir del domingo próximo puesto que los servicios no disponen ni siquiera del 10% del monto total necesario para cargar combustible en sus depósitos durante el mes de marzo.
Añadiendo, "con el dinero que disponemos en el presupuesto de hoy en día, puedo reparar una calle de Roma cada 52 años. Eso no es precisamente lo que llamo mantenimiento".




