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La historia de una vida arrebatada por un conductor borracho

  • Por Soy502
17 de septiembre de 2019, 08:10
El hecho ocurrió antes del amanecer del domingo 15 de septiembre en España. (Foto: Emergencias Madrid)

El hecho ocurrió antes del amanecer del domingo 15 de septiembre en España. (Foto: Emergencias Madrid)

Víctor López solía dormir con su madre. Ocupaba el lugar de la cama que dejaba vacío por las noches su padre que se iba de madrugada a trabajar de guardia de seguridad en un centro comercial en sus horas de cierre, patrullando pasillos vacíos. Solos, en la oscuridad de la habitación, madre e hijo frecuentemente recordaban a Roberto, el hermano mayor muerto un año atrás. Aquella pérdida arrasó con ellos, pero en última instancia se tenían el uno al otro a oscuras, en una escena que parecía sacada de la infancia.

La madrugada del domingo, Víctor se levantó a las 6:00 de la mañana en Rivas Vaciamadrid. En una hora debía estar en el Carrefour de San Fernando de Henares, el supermercado que lo había contratado 2 días antes como carnicero.

Era un empleo que podía compaginar con su grado superior en animación sociodeportiva. Se duchó, desayunó y bajó a su carro. Antes de arrancar y enfilar el camino a la M-50, una carretera con poca circulación a esas horas, no leyó el último mensaje que le había enviado su madre por WhatsApp: "Que se te dé bien el día".

No vio el amanecer. Al poco de rodar por la carretera, lo embistió a toda velocidad en la puerta lateral, según los primeros resultados de la investigación, un Golf morado. Al volante iba Kevin Cui, un hombre de 35 años al que su familia había perdido de vista esa noche.

Víctor López, de 20, murió al instante, atrapado en la carrocería. Cui, que dio positivo en la tasa de alcoholemia, salió por una ventanilla del auto remodelado y estuvo caminando por el arcén, desorientado, hasta que llegó la ambulancia.

Unos minutos antes del impacto, Arantxa, una educadora social, conducía por la M-50 de camino a una competición de triatlón que iba a disputar su hija de 15 años. Subía una cuesta por el carril derecho cuando el carro de Cui le adelantó a toda velocidad.

Víctor López acababa de perder a su hermano hacía 1 año. Hoy, sus padres lamentan la ausencia de sus dos hijos. (Foto: El País)
Víctor López acababa de perder a su hermano hacía 1 año. Hoy, sus padres lamentan la ausencia de sus dos hijos. (Foto: El País)

El escape sonaba como un proyectil. El carro aceleró todavía más, recuerda por teléfono, y pasó a hacer eses de un lado a otro. Arantxa aminoró, asustada por lo que estaba viendo. Cuando el conductor se detuvo en el arcén, aprovechó para esquivarlo. Su hija miró para atrás y no podía creer lo que veía.

La mujer llamó de inmediato a las otras madres que se dirigían a la misma competición con sus hijos. Les alertó de que corrían el riesgo de toparse con un conductor enloquecido. "Les dije que tuvieran mucho cuidado, estaban a punto de cruzarse con un loco". Pocos minutos después su hija recibió un mensaje de una amiga contándole que el conductor errático se había estrellado contra otro de frente.

Ambos carros quedaron destruidos tras el impacto. El kamikaze se salvó de morir pese al fuerte choque. (Foto: Emergencias Madrid)
Ambos carros quedaron destruidos tras el impacto. El kamikaze se salvó de morir pese al fuerte choque. (Foto: Emergencias Madrid)

Arantxa se quedó mal por el resto del día. Por la tarde, al llegar a casa, llamó a la Guardia Civil: "Para mí, es un asesino. No quiero que ahora ponga excusas como que se equivocó de salida o lo hizo sin querer. Sabía perfectamente lo que hacía". Si fuera a ella a quien le hubieran embestido, dice, le gustaría que otra gente hiciera lo mismo y contara la verdad.

La escapada del carro se llevó por delante la vida de un joven que comenzaba a salir de la bruma en la que le había sumido la muerte de su hermano, 5 años mayor. El trabajo nuevo, retomar los estudios, la perspectiva de presentarse en el futuro a las oposiciones de bombero o policía, le habían levantado el espíritu. También hacía un esfuerzo para proteger a sus padres, explica una tía, con los que hacía de bálsamo en el difícil trance que vivían tras perder a un hijo.

Víctor llevaba 5 años con Laura, su novia. Con ella pasó la última noche. Cuando se enteró del accidente se metió en Internet a buscar la noticia para desmentir lo que le contaban por teléfono. Y encontró un resquicio.

En las informaciones de agencias que circulaban esa mañana por los periódicos digitales se decía que el fallecido en el choque tenía 35 años y el superviviente, 24. Su novio estaba más cerca de la edad del segundo que del primero. ¿No sería que en realidad había muerto el otro? Llamó al hospital con la esperanza de que le dijeran que todo había sido un malentendido. No lo era. Las noticias habían confundido las edades.

La familia del superviviente de la colisión aguardaba noticias en la sala de espera de la unidad de recuperación del hospital Gregorio Marañón, donde fue ingresado con un fuerte golpe en el brazo. La Guardia Civil le tomará declaración cuando esté recuperado y decidirá de qué delitos le acusan.

La funeraria de Coslada se llenó de amigos de Víctor a mediodía. La sala número 2 tardó en abrir. En la puerta había un cartel donde se leía Víctor López Casado.

"Yo solo quiero darle dos besos a ese muchacho", dijo su madre, Gema Casado, rodeada de familiares. Lloró por su compañero de noches y desvelos, pero también por aquel al que recordaban juntos: "Hace 11 meses tenía dos hijos. Por una cosa y otra, ahora ya no tengo ninguno".

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*Con información de elPaís

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