El presidente de EE.UU., Barack Obama, que en las últimas semanas se ha comparado con un oso de circo deseoso de librarse de sus cadenas, volvió hoy a escapar de los menús de la Casa Blanca con una visita a un restaurante de comida mexicana.
El mandatario almorzó junto a cuatro trabajadores que han tenido dificultades para conciliar su vida laboral y familiar en un restaurante del barrio de Woodley Park, en Washington, muy cerca de un hotel donde poco después pronunció un discurso.
"Acabo de ir andando hasta Chipotle por mi almuerzo. He causado bastante caos, como podría esperarse. Pero hacía bastante tiempo que no tomaba su burrito al plato y estaba rico", dijo Obama en el discurso, durante la cumbre de familias trabajadoras celebrada hoy por la Casa Blanca.
El gobernante se desplazó con su limusina desde la Casa Blanca hasta el hotel Omni Shoreham, donde se celebra el acto, pero a continuación se bajó del vehículo y caminó un par de bloques hasta el restaurante, en mangas de camisa y con gafas de sol.
Obama no es el primer presidente que se aficiona a las salidas del Despacho Oval: Bill Clinton acostumbraba a salir a correr todas las mañanas -y detenerse después por comida rápida-, mientras que Richard Nixon llegó a escaparse una madrugada de 1970 para ver el monumento a Lincoln.





