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Shakespeare, los números y la pizza de Terra Nostra-Pizca

  • Por Roberto Guevara
25 de mayo de 2019, 06:05

Nunca he entendido bien las emociones, ajenas ni menos las propias. Siempre hay una pizca de no-completitud cuando trato de ver hacia adentro, como que no me terminan de cuadrar las explicaciones. 

En algún momento creí entender algo de la mano de las tragedias de Shakespeare, en especial El rey Lear, pues el señor es un maestro al describir las emociones. En otro momento me enamoré de los teoremas de la incompletitud de Kurt Gödel, que daban sustento matemático a esa desazón con respecto a mis nunca bien entendido interior.

Las ideas encajaron un poco más cuando empecé a leer a Yuval Noah Harari, quien en resumen describe las emociones como resabios de un algoritmo biológico mal calibrado. ¡Bingo! Es cierto (al menos en mi caso), y para mí fue como descubrir que estaba haciendo mal con la pizza. Viviendo con tres quesófilas mujeres, he probado infinidad de sabores, combinaciones y lugares. Pero algo, como mis emociones, no cuadraba.

Era la base, ¡la masa!, lo que estaba haciendo mal, y lo descubrí de la mano de los hermanos dueños de Pizca-Terra Nostra. Por eso siempre dejaba la orilla. Allí descubrí que la masa debía ser de remolacha, para pizzas dulces, de arúgula para pizzas amargas, y de pesto para las carnívoras, que combinadas con un queso catupiry (el mejor invento brasileño desde el jogo bonito), hicieron que al fin me comiera una pizza entera.

Por supuesto que también ayudó la albahaca, que mantienen fresca, y que sirven como decoración (no como condimento),  una cerveza Stout Xibalbá que fue el complemento de amargo perfecto para la pizza, que el chef fuera mi tocayo, que hubieran postres sin fruta para mi melindrosa esposa, que en la entrada hubiera un poster de mi película favorita justo en el momento que Vito regaña por única vez a Sonny, que hayan escogido tomates casi cherry para hacer la salsa dulce, o que la pizza la cronometraran exactamente dos minutos dentro de la línea previamente dibujada en el horno.

Así que, como mis emociones, descubrí que un algoritmo magistralmente ejecutado es el mejor camino para desenredar lo ininteligible. Felicitaciones y gracias a Pizzería Terra Nostra-Patisserie Pizca, en el Km. 19.5 carretera al Salvador, por darme un momentito plenamente feliz en esta obra de teatro que llamamos vida.

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