El edificio que albergó la cárcel municipal de Zacapa dejó atrás su pasado para transformarse en un taller de carpintería que elabora mobiliario público y proyectos comunitarios para la región.
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El antiguo edificio que albergaba la cárcel de la ciudad de Zacapa pasó por un proceso de reconversión histórica y funcional, transformándose en la actual carpintería municipal de la corporación tunera.
Durante el siglo pasado, la estructura operó como el principal centro carcelario local de la cabecera departamental de Zacapa, resguardando a la población reclusa bajo las normativas del sistema penitenciario de la época.
Su arquitectura original reflejaba el diseño típico de los bloques de celdas y áreas de control de mediados del siglo XX.

Con el fin de aprovechar el espacio de forma productiva, el ayuntamiento instaló allí los talleres de la carpintería.
Hoy en día, en los mismos pasillos y celdas del siglo pasado, los artesanos y técnicos locales procesan madera destinada a proyectos de infraestructura pública, mobiliario educativo y reparaciones en beneficio de las comunidades.

Transición institucional
Tras los cambios en los modelos de seguridad nacional y la reubicación de los privados de libertad a centros penitenciarios modernos fuera del casco urbano, la infraestructura quedó en desuso y el inmueble fue absorbido por la Municipalidad.
“Por aquí pasaron muchas personas que violaron la ley y hubo casos donde los presos se agredían hasta quitarse la vida en lo que hoy es la bodega”, comentó Ricardo Acevedo, vecino.
Continuó su relato diciendo que los encarcelados lloraban porque se quedaban a oscuras o porque los trataban mal.

“Las instalaciones deberían ser un patrimonio municipal. En la carpintería se conserva la puerta principal, de rejas, y sus ventanas, así como el muro que da a la calle”, dijo.
Mientras que el carpintero Roberto López, quien tenía aproximadamente 12 años cuando la cárcel funcionaba, contó que iba a dejarle comida a su hermano.
“Recuerdo muy bien ver a mi hermano y otros presos descansando debajo de un árbol de tamarindo”, manifestó.

Allí espantaban
Pero no todo es alegría, pues según Luis López, trabajador de la carpintería, las herramientas pesadas se mueven a veces y se sienten cosas extrañas.
“Nos apagan la radio de la nada y la vuelven a encender. Yo digo que son los presos que murieron aquí”, concluyó.
Según los trabajadores y vecinos, se escuchan ruidos de cadenas y pasos pesados en horas de la noche o la madrugada. También se oyen herramientas que cambian de lugar y se siente una pesadez, pues quienes transitan por allí describen un ambiente denso o frío en ciertos sectores.

Dato curioso
En las ciudades de la época colonial y del siglo XIX en Guatemala, era habitual que las cárceles locales compartieran manzana o se construyeran de forma contigua a la Jefatura Política (Gobernación) y al ayuntamiento municipal.



