25/06/2021

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Dibujar, la mejor terapia para niños que huyen de la violencia en Mozambique

  • Por AFP
25 de mayo de 2021, 11:05
Niños hacen terapia de dibujo para escapar de su violenta realidad. (Foto: AFP)

Niños hacen terapia de dibujo para escapar de su violenta realidad. (Foto: AFP)

Los dibujos son el escape de los niños que  viven en constante violencia, tras diversos ataques y enfrentamientos en Gaza.

EN CONTEXTO: Gaza: Fábricas destruidas y una esperanza económica hecha trizas

Dos veces por semana, decenas de niños se instalan bajo la sombra de un árbol en un taller de dibujo. Se trata no tanto de matar el aburrimiento en este campo de refugiados en el norte de Mozambique, sino de curar heridas que no se ven.

Estos pequeños han visto, oído y vivido horrores. Por eso, lo que les viene a la mente a la hora de dibujar son metralletas.

Las de los grupos armados yihadistas que siembran el terror en esta provincia de Cabo Delgado desde hace tres años, saqueando e incendiando pueblos, practicando una violencia brutal para marcar para siempre a sus habitantes: decapitaciones, violaciones, secuestros.

Se distribuyen hojas y lápices. Los niños deben pintar lo que se les ocurra.

Alberto Almeida, uno de los mayores, con 17 años, se sienta detrás de los más pequeños. Apoya el papel en su muslo derecho y esboza un fusil de asalto antes de colocarle una cruz, en rojo.

Al pie escribe "no al fusil" en su idioma local, el makua.

"La guerra hace daño", dice para explicar su boceto.

"Me gustaría volver a mi casa, me vi obligado a irme de mi casa". Recuerda con sus ojos mirando al suelo, su huida a fines de 2020, de su pueblo, en las costas del distrito Quissanga.

Con voz es suave, sus frases cortas y lacónicas. Cuando vio las columnas de humo que salían de un sector del pueblo, comprendió todo. Con otros vecinos se pusieron a salvo.

Separado de sus padres y de sus dos hermanas y de su hermano secuestrados por los grupos armados, caminó durante cinco días. Cuando llegó a Pemba, la capital de la provincia, tenía los pies llenos de ampollas, hinchados y doloridos.

En este campo de Metuge, a medio centenar de kilómetros al oeste y donde viven unas 30.000 personas desplazadas como él, se ha encontrado con un tío. El conflicto, que ya ha dejado 2,800 muertos desde fines de 2017, ha provocado la huida de 700 mil civiles.

Sacerdote marionetista

La experiencia de los niños se lee en sus hojas. Algunos no logran pintar nada, otros reproducen los helicópteros militares, otros dibujan su nueva realidad: las casas hechas de adobe y juncos surgidas en este campo polvoriento.

Los niños "son más abiertos al dibujo, consiguen manifestar sus emociones", explica Erickmar Rodríguez, responsable de las actividades que favorecen la salud mental para Médicos Sin Fronteras (MSF) en el campo.

En un pueblo vecino, donde se han instalado desplazados, un sacerdote monta espectáculos para tratar de difuminar las cicatrices invisibles del conflicto.

Bajo un inmenso árbol

Una treintena de niños esperan sentados que el padre Edegard Silva Junior y sus dos asistentes cuelguen un paño tradicional rosa vivo.

El sacerdote desaparece detrás y aparecen unas pequeñas marionetas construidas gracias a varillas de bambú que saludan a los niños con alegría. Uno a uno, llaman a los jóvenes espectadores a presentarse y a informar del nombre de su pueblo de origen.

Al final del espectáculo, el narrador invita a los niños a dar la mano de los personajes, después a formar un círculo, jugar con una pelota y a compartir algunos dulces.

Para ellos, es tanto "una terapia como una diversión", explica el padre a la AFP. "Es muy informal y simple".

La mayoría son huérfanos o han sido separados de sus padres en el pánico de la huida. Esta violencia yihadista "ha cambiado todo" en la vida de estos niños. Si las marionetas "pueden darles un poco de esperanza, alegría", ya es mucho.

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