En Guatemala, emprender no siempre significa crecer, la mayoría de las veces significa sobrevivir.
OTRAS NOTICIAS: Podcast Economía HOY: "La capacidad de un líder se refleja en su equipo"
De acuerdo con el informe nacional del Global Entrepreneurship Monitor (GEM), dos de cada tres negocios en el país operan sin estar inscritos en ninguna institución gubernamental —ni en el Registro Mercantil, ni en la SAT, ni en registros municipales.
La informalidad no se distribuye de forma uniforme. Es más común en las etapas iniciales: el 69% de los emprendimientos tempranos son informales, mientras que entre los negocios ya establecidos la cifra baja, pero sigue siendo alta: 55%.

Negocios pequeños, alcance limitado
Los datos del GEM para Guatemala muestran diferencias claras entre negocios formales e informales:
- Alcance geográfico: el 72% de los negocios informales solo atiende a clientes dentro de su comunidad o municipio. En los formales, este porcentaje es menor (63%), lo que indica mayor expansión hacia otros territorios.
- Generación de empleo: el 75% de los negocios informales son de autoempleo. En los formales, este porcentaje baja a 54%, lo que significa que casi la mitad de estos últimos genera al menos un puesto de trabajo adicional.
- Uso de tecnología: aunque las redes sociales son la herramienta digital más utilizada, solo el 65% de los negocios informales las usa, frente al 78% de los formales.
- Mirada hacia el futuro: solo el 31% de los emprendedores informales considera que la inteligencia artificial será importante en sus negocios en los próximos tres años. Entre los formales, esta percepción casi se duplica: 57%.
En conjunto, estas diferencias apuntan a lo mismo: los negocios informales tienden a ser más pequeños, menos productivos y menos sofisticados.
¿Por qué no formalizarse?
La decisión de permanecer en la informalidad no es casual. Responde a una evaluación práctica de costos y beneficios:
- 61% de los emprendedores no ve beneficios claros en formalizarse
- 17% considera que es demasiado costoso cumplir con los requisitos
- Otros factores incluyen desconocimiento (8.6%), trámites complicados (5.3%), presión social ("nadie lo hace", 4.6%) y falta de tiempo (3.4%)
Es decir, para la mayoría, formalizarse no parece valer la pena.

Emprender por necesidad, no por oportunidad
A esto se suma un dato clave: el 87% de los emprendedores en Guatemala inició su negocio por falta de empleo.

Cuando el emprendimiento surge por necesidad, suele operar en pequeña escala, con márgenes reducidos y poca capacidad de inversión. En este contexto, asumir los costos de la formalidad resulta difícil de justificar.
Además, el 70% de los negocios se financia con recursos propios, muchas veces porque la informalidad limita el acceso al sistema financiero.
Una estrategia de supervivencia
Estos datos reflejan una realidad clara: en Guatemala, el emprendimiento está orientado principalmente a generar ingresos inmediatos, más que a desarrollar negocios con alto potencial de crecimiento.
Por eso, la informalidad no es solo una barrera, sino también una estrategia racional. Si formalizarse implica costos altos y beneficios poco visibles, la decisión de permanecer fuera del sistema es comprensible.
¿Qué se puede hacer?
Los datos también sugieren algunas rutas de acción:
- Hacer visibles los beneficios de la formalidad
- Un negocio pequeño e informal tiene limitado su potencial de crecimiento. Sin incentivos claros —como acceso a financiamiento, nuevos mercados o apoyo técnico—, difícilmente se dará el paso hacia la formalización.
- Reducir costos y simplificar procesos
- Los trámites complejos y el tiempo requerido siguen siendo barreras importantes. Simplificar registros y reducir cargas administrativas puede marcar una diferencia.
- Impulsar la adopción tecnológica
- El uso de herramientas digitales no solo mejora la productividad, también puede facilitar la formalización. Programas de capacitación y acceso a tecnología pueden ayudar a cerrar brechas.
En síntesis, la informalidad en Guatemala no es un accidente ni únicamente un problema de cumplimiento. Es, en muchos casos, una respuesta lógica a un entorno donde formalizarse cuesta más de lo que ofrece. Cambiar esta realidad requiere hacer que la formalidad sea no solo posible, sino también conveniente.
*Walter Menchú, Asistente de Investigación del Global Entrepreneurship Monitor (GEM), de la Universidad Francisco Marroquín.




