Lo que gana Guatemala con la nueva Ley Antilavado

  • Por Agustín Ortiz
17 de junio de 2026, 07:30
El Congreso aprobó la Ley Antilavado, una iniciativa avalada por Estados Unidos, el sector bancario y productivo del país. (Foto: Shutterstock)

El Congreso aprobó la Ley Antilavado, una iniciativa avalada por Estados Unidos, el sector bancario y productivo del país. (Foto: Shutterstock)

El país por fin cuenta con una normativa adaptada a la era digital que reduce trabas a ciudadanos y unifica la lucha frente a las finanzas criminales.

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El Congreso de la República de Guatemala aprobó recientemente el Decreto 15-2026, Ley Integral contra el Lavado de Dinero y Financiamiento del Terrorismo.

Esta normativa unifica y moderniza un sistema preventivo que sumaba más de dos décadas de rezago, reemplazando las directrices del Decreto 67-2001 y del Decreto 58-2005, cuerpos legales que resultaban insuficientes para encarar las mutaciones del crimen organizado y las exigencias de la economía globalizada actual.

La urgencia de renovar el marco jurídico respondía a un estancamiento operativo crónico, puesto que la antigua legislación databa de una época donde las transacciones se realizaban mediante instrumentos físicos, distando mucho de la realidad contemporánea regida por transferencias instantáneas mediante dispositivos móviles y el surgimiento de los criptoactivos.

"El enfoque basado en riesgo transforma el cumplimiento de una carga administrativa a un activo estratégico", manifestó Rudy Alexander García, asesor jurídico de la Intendencia de Verificación Especial (IVE) de la Superintendencia de Bancos (SIB), quien enfatizó que la fiscalización proporcional evitará que los requisitos engorrosos bloqueen el fomento de la inclusión financiera de la población asalariada.

Competitividad y estabilidad

El impacto en el sector productivo formal ha sido recibido con optimismo por las principales cámaras gremiales, que visualizan este marco normativo como una garantía indispensable de certeza jurídica y resguardo institucional.

Según un comunicado del Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF), la legislación es interpretada como "una decisión trascendental para fortalecer la institucionalidad del país, proteger la estabilidad financiera y reafirmar el compromiso de Guatemala con la transparencia y la legalidad".

A esta postura se sumó la Asociación Guatemalteca de Exportadores (Agexport), señalando mediante un pronunciamiento que la normativa es "una decisión estratégica de competitividad país".

La entidad empresarial puntualizó en su documento oficial que "esta decisión fortalece la institucionalidad y contribuye a mantener la confianza de inversionistas, socios comerciales y mercados internacionales, para que Guatemala se consolide como un socio comercial seguro, transparente y competitivo", haciendo mención directa al reto que implica asegurar una implementación técnica y transparente de los 128 artículos de la ley.

Del mismo modo, la Cámara de Comercio Guatemalteco-Americana (AmCham) recalcó en un comunicado que la medida "consolida un entorno de negocios más transparente, seguro y competitivo en el marco de los estándares internacionales", destacando la urgencia de alinear el país con las mejores prácticas globales para robustecer el Estado de Derecho.

Blindaje para las remesas

Uno de los factores económicos más determinantes tras esta actualización es la inminente evaluación mutua programada por el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI) para el año 2027.

Mantener deficiencias normativas exponía a Guatemala al peligro de ingresar a la temida "lista gris", una clasificación que hubiese mermado de inmediato las relaciones de corresponsalía bancaria internacional.

Esta amenaza latente no solo afectaba a corporaciones o bancos comerciales, sino que ponía en vilo a sectores sensibles como las remesas, que equivalen al 20% del Producto Interno Bruto (PIB), según García.

El ingreso de estos flujos de divisas depende estrictamente de la salud y confiabilidad del sistema bancario local, razón por la cual salvaguardar los canales formales de transferencia constituye una prioridad de beneficio social directo para la economía de los hogares guatemaltecos, señaló el asesor jurídico de la IVE.

Nuevas fronteras tecnológicas

La legislación incorpora por primera vez regulaciones precisas para sectores de vanguardia tecnológica, abarcando de forma integral a los proveedores de servicios de activos virtuales.

"Esto nos viene a dar un marco regulatorio a todos los proveedores de servicios de activos virtuales, que es específicamente el ámbito en el que estamos nosotros involucrados", afirmó Francis Sanchinelli, presidente de la Asociación Blockchain de Guatemala, indicando que este marco actúa como un catalizador para ordenar la industria y generar una sólida base de confianza.

El reto de la ejecución

A pesar del beneplácito generalizado por la aprobación de los seis títulos de la norma jurídica, el éxito definitivo del blindaje financiero radica en la efectividad operativa de su posterior reglamentación.

"Yo diría que estamos ante uno de los retos más estratégicos e importantes, que es volver la ley algo real, convertirla en una implementación que en efecto pueda demostrar que el país está comprometido y que además tiene los elementos necesarios para asegurar que luchamos apropiadamente contra el lavado de dinero y financiamiento del terrorismo", aseveró Susan Rojas, exintendente de la IVE y docente de la Escuela Bancaria de Guatemala (EBG).

Rojas apunta que los meses subsiguientes serán cruciales para consensuar los reglamentos ejecutivos y disipar los riesgos de la sombra gris de las calificaciones internacionales.

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