Fundado en 1543 por frailes dominicos, Santa María Cahabón, Alta Verapaz, resguarda una profunda herencia q'eqchi', espiritualidad maya y paisajes naturales como el río Oxec.
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Entre montañas, ríos caudalosos y exuberantes paisajes de Alta Verapaz, se encuentra Santa María Cahabón, un destino donde la naturaleza parece caminar de la mano con la historia.
Conocido como el “Guacalito de amor”, este municipio invita a descubrir una tierra marcada por la cultura quekchí, la espiritualidad maya y escenarios naturales capaces de convertir cualquier recorrido en una experiencia inolvidable.
La historia de Cahabón se remonta al 24 de noviembre de 1543, cuando fue fundado como pueblo durante la época colonial por los frailes dominicos Fray Luis de Cáncer, Fray Pedro de Santa María de Angulo y Fray Juan Rodrigo de Landrade.

En aquel entonces era conocido como Chicaj B’om o Cajbón, un nombre de origen q’eqchi’ relacionado con el cielo y la pintura; con el paso del tiempo adoptó el nombre cristiano de Santa María.
Caminar por Cahabón es también acercarse a una cultura que ha sabido conservar sus raíces. Su población de ascendencia quekchí mantiene vivas costumbres, tradiciones y prácticas de espiritualidad maya que forman parte esencial de la identidad del municipio.
Cada año, del 3 al 8 de septiembre, las calles se llenan de celebración durante la feria patronal dedicada a la Virgen de Santa María de Natividad.

Pero el encanto de municipio también se encuentra lejos de sus calles, en los lugares donde el agua y la selva crean paisajes sorprendentes.
La Canasta, las cuevas y el nacimiento del río Oxec, las aguas termales de San José Salac y Tzalamtun, así como Wilixpec, en el caserío Chajlocom, son algunos de los sitios que permiten descubrir la riqueza natural de este territorio.
El río Cahabón es uno de sus grandes protagonistas. Sus aguas recorren el paisaje y forman rápidos que ofrecen condiciones para la práctica del rafting y otras actividades deportivas, una alternativa para quienes buscan combinar aventura y naturaleza.

La riqueza del municipio también está ligada a su clima cálido y a su bosque húmedo subtropical, que favorecen una diversidad de paisajes y espacios naturales.
En este entorno nace parte de la magia que distingue a Cahabón: una combinación de selva, agua, cultura y tradiciones que se descubre poco a poco durante el recorrido.

La historia también dejó su huella en el territorio. En 1543, don Juan Matalbatz, con apoyo de los frailes dominicos, estableció los límites entre Cahabón y Chamelco, tomando como referencia los ríos Chiacté y Chipap.
Siglos después, el municipio experimentaría otra transformación territorial: el 1 de mayo de 1980, el parcelamiento Fray Bartolomé de las Casas fue elevado a la categoría de municipio.

Actualmente, Cahabón conserva ese vínculo entre pasado y presente. Es tierra del chile cahabonero y de la pintura en polvo, pero también de ríos, cataratas, aguas termales, lugares sagrados y comunidades que mantienen con orgullo su herencia quekchí.
Visitarlo es dejarse llevar por un territorio donde cada paisaje cuenta una historia y donde el sonido del agua, la riqueza de sus tradiciones y la calidez de su gente convierten el viaje en una experiencia para recordar.



