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Somos una sociedad corrupta

  • Por Daniel Haering
La mayoría de guatemaltecos son personas honestas que aspiran a vivir en una sociedad donde el Estado de Derecho no sea una ficción. (Foto: Pedro Pablo Mijangos/Archivo Soy502)

La mayoría de guatemaltecos son personas honestas que aspiran a vivir en una sociedad donde el Estado de Derecho no sea una ficción. (Foto: Pedro Pablo Mijangos/Archivo Soy502)

Si tiene la oportunidad, querido lector, de echarle un vistazo a los comentarios de Facebook de este artículo, cuando este sea posteado en la página de Soy502, con total seguridad verá improperios dirigidos a mi persona.

La indignación brotará entre quienes consideren ofensivo que a alguien se le ocurra hacer una afirmación semejante a la incluida en el titular de este escrito.

Muchos se referirán además a mi condición de extranjero, a cómo se me ocurre mancillar el nombre de la nación que me ha acogido, tan generosamente.

Lo harán porque no leyeron el cuerpo de la columna (perdón por el pequeño engaño), pues eso no es lo que voy a decir. De hecho no somos una sociedad corrupta, ninguna en esencia lo es.

No leer el contexto del mensaje es irresponsable, aunque perdonable para el apresurado ciudadano que debe hacerse cargo de responsabilidades laborales y familiares y que tiene poco tiempo que dedicarle a la discusión pública.

Por el contrario no es admisible que una Cancillería no se tome el tiempo de leer y entender qué es lo que dijo un importante diplomático sobre el país que aceptó, a regañadientes, sus credenciales.

Jóvenes protestan frente a la Corte Suprema de Justicia para exigir un Ministerio Público independiente. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)
Jóvenes protestan frente a la Corte Suprema de Justicia para exigir un Ministerio Público independiente. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)

Mucho más, que esa sea la razón que mastican entre dientes para pedir que sea sustituido. Tristes, retroactivas y sospechosas excusas de una de las administraciones más mediocres que se recuerdan en el servicio diplomático.

Anders Kompass pronunció la expresión “sociedad corrupta” pero su discurso, allá en enero, decía todo el contrario. Su disertación de hecho lo negaba, elogiaba lo acontecido en el país desde 2015 e invitaba a una reforma institucional.

El sistema político y su relación con otras partes de la sociedad sí entran en dinámicas corruptas. La corrupción ha sido, y sigue siendo, el proceso normativo fundamental para aunar a las partes y tomar decisiones públicas en nuestro país.  

Frente al sistema, más que un cambio de actitud hará falta un cambio de actores y normas. Las malas instituciones generan malas culturas que se manifiestan en malos comportamientos. No son las malas culturas las que crean malas instituciones.

Uno de los desafíos inmediatos para Guatemala es reformar el sistema de partidos políticos. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)
Uno de los desafíos inmediatos para Guatemala es reformar el sistema de partidos políticos. (Foto: Wilder López/Archivo Soy502)

Guatemala no está condenada “a ser así” y la inmensa mayoría de guatemaltecos, pese a que se ve obligada a convivir con ciertas perniciosas reglas no escritas, son personas decentes, haciendo su mejor esfuerzo.

El ciudadano promedio guatemalteco necesita opciones. Una vía alternativa a la de ceder, tolerar o generar corrupción.

No es la cultura lo que hay que cambiar, es el “Cero mecanismo”.

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15 de mayo de 2018, 16:05

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