• Voces

Contra la violencia, contra el silencio

  • Por Julio Serrano Echeverría
Esta niña alimenta a las palomas en la Plaza de la Constitución mientras los adultos protestan por la tragedia del Hogar Seguro Virgen de la Asunción donde murieron 56 menores. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Esta niña alimenta a las palomas en la Plaza de la Constitución mientras los adultos protestan por la tragedia del Hogar Seguro Virgen de la Asunción donde murieron 56 menores. (Foto: Alejandro Balán/Soy502)

Como mi amiga que tuvo que salir huyendo del país porque asesinaron a su pareja enfrente de ella y luego amenazaron de ir a buscarla al día siguiente.

Como otra amiga que creció en un barrio pobre de la ciudad de Guatemala, con sus tres hermanas, y cuando cumplió 14 años los pandilleros le dijeron a su mamá que ya le tocaba entregar a la primogénita y esa misma noche agarraron sus chivas y tuvieron que huir. 

O como otra amiga con quien yo viajaba en la misma ruta de bus de la Reformita a la zona 1, la 4, y que un día un tipo se subió a asaltar y abusó de ella con sus manos enfermas, asquerosas. Al día siguiente sacó un préstamo para comprarse un carro y no volver a subir nunca más al transporte público. 

Como otra amiga que es una de las personas más talentosas y sensibles que conozco y que su jefe, un hombre bastante mezquino y prepotente, se dedicó a ponerle trabas para no dejarla crecer más y dejar intacto el techo de cristal que tipejos como este se encargan de mantener intacto, porque allá arriba “los hombres ya están cabales”. 

O como aquella amiga a quien un supuesto amigo la pasó manipulando y mintiendo nada más conseguir poder sobre ella y usar la confianza como un cuchillo envenenado y traicionero. Como mi otra amiga que no es de Guatemala y que el número de energúmenos rastreros que se aprovechan de su generosidad extranjera aumenta como la indiferencia de las autoridades del estado para garantizar los derechos de las mujeres en Guatemala.

Como mi amiga que fue abusada cuando niña por un “amigo de la familia” y que al denunciarlo con el valor de una pequeña llena de coraje, su familia le dijo “no digás nada, solo no te le acerqués a él”.

Como otra amiga que decidió separarse de su esposo porque la relación había perdido todo sentido, y el macho herido se dedicó a tejer una red de extorsión económica y manipulación psicológica nada más para vengarse de un libre y arrecho NO. 

Como muchas amigas, diría que todas, que han tenido que escuchar cualquier cantidad de porquería que emana de las bocas de hombres enfermos que les dicen cosas en la calle porque su concepto de deseo es igual al de los monos que juegan con sus genitales en la miserable jaula de un zoológico.  

Como muchas amigas que luchan todos los días contra la violencia, que la denuncian, reflexionan, se organizan y nos convocan y confrontan todos a erradicar la enfermedad sistémica del machismo, de su estructura patriarcal y de nuestro silencio cómplice como sociedad. 

Como 56 niñas que arden en el corazón.

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27 de noviembre de 2017, 17:11

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