Uno de los grandes desafíos que enfrenta Guatemala es la situación de sus puertos que se convierten en cuellos de botella para la competitividad.
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Durante años se ha hablado de la competitividad de Guatemala como si fuera solo un problema de actitud, de marca país o de tratados comerciales. Pero, hay una verdad incómoda que el sector exportador conoce bien: mientras los puertos sigan operando como lo hacen hoy, cualquier otra mejora será insuficiente. La logística portuaria es el cuello de botella que nadie quiere ver, y ya no se puede seguir mirando hacia otro lado.
Los exportadores guatemaltecos se han vuelto casi héroes, al competir mundialmente, lograr enviar productos de alta calidad y sostener empleo, cuando los costos logísticos en el país pueden ser hasta 2 veces más altos que en países competidores de la región.
El 50% de los contenedores que se mueven por los puertos corresponden a exportaciones. Eso significa que cada ineficiencia en el sistema recae directamente sobre los hombros de las empresas que producen, que generan empleo, que traen divisas al país. Hoy se opera con puertos aislados entre sí, sin una estrategia nacional integrada, sin una visión de largo plazo. Eso no es solo un problema logístico; es una decisión implícita de crecer menos de lo que el país podría.
Lo que Guatemala necesita no es un parche. Necesita una transformación estructural, y eso pasa por contar con una Ley General del Sistema Portuario Nacional. No como algo más, sino como la decisión clara de que el país quiere jugar en otra liga. Una ley que establezca una rectoría técnica y con visión de Estado; una autoridad portuaria autónoma con capacidad real de ejecución; un marco que incentive inversión privada, que promueva la competencia y genere certeza jurídica para quienes apuesten por desarrollar infraestructura en nuestro país.

Más competencia significa más capacidad. Más capacidad significa más carga movilizada. Más carga movilizada significa más comercio, más empleo, más crecimiento. No es una ecuación complicada, pero sí requiere voluntad política y claridad de propósito.
En Guatemala ha habido esfuerzos, pero no han sido suficientes... hace falta mucho más para aprovechar las oportunidades. La modernización portuaria no es solo un tema económico. Es también un tema de seguridad nacional. Puertos sin institucionalidad sólida son puertos vulnerables. Fortalecer la gobernanza portuaria, mejorar los mecanismos de fiscalización y reducir los vacíos institucionales es condición indispensable para proteger al país, no solo para hacer más eficiente el comercio.
La iniciativa de Ley del Sistema Portuario Nacional que se discute en el Congreso de la República apunta exactamente en esa dirección. En manos de los legisladores está esta Ley que representa una oportunidad real para iniciar la transformación que Guatemala necesita y merece.
El país tiene la capacidad de duplicar sus exportaciones. Los exportadores guatemaltecos tienen los productos, tenemos los mercados, tenemos a los empresarios dispuestos a invertir. Lo que falta es la infraestructura que soporte ese crecimiento. Si no se construyen los puertos que Guatemala necesita hoy, el crecimiento económico seguirá teniendo ese techo invisible que le impide despegar más alto.




