En San Juan Chamelco, Alta Verapaz, La Morería emerge como un referente de emprendimiento cultural. Fundado por el fotógrafo Terencio Tiul Fernández, este café cultural fusiona la gastronomía ancestral con el arte y la identidad chapina.
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En San Juan Chamelco, Alta Verapaz, un emprendimiento cultural comienza a marcar la diferencia al fusionar gastronomía, arte e identidad en un solo espacio.
Se trata de La Morería, un café fundado por el fotógrafo documental Terencio Tiul Fernández, quien ha trasladado su pasión por la cultura chapina del lente a la mesa.
Originario de Santa María Cahabón, Terencio creció rodeado de tradiciones, danzas, trajes ceremoniales y sabores ancestrales que forman parte de la riqueza verapacense.

Esa conexión con sus raíces lo llevó a dedicarse a la fotografía documental, enfocándose en registrar festivales folclóricos, expresiones culturales y escenas cotidianas que reflejan la identidad de los pueblos.
Su participación en el Festival Folclórico Nacional y en diversas actividades culturales lo consolidó como referente en la documentación visual del patrimonio guatemalteco.

Sin embargo, su visión fue más allá de capturar imágenes. Convencido de que la cultura no solo se observa, sino que también se vive y se saborea, decidió crear La Morería, un espacio que integra gastronomía tradicional con una propuesta contemporánea. Más que un café, es un punto de encuentro donde convergen historia, memoria y creatividad.
El platillo insignia es el bachá, preparado con técnicas heredadas de generaciones anteriores, respetando procesos y sabores originales.

La propuesta, no obstante, va más allá de reproducir recetas del pasado: busca presentar la cocina ancestral en un formato atractivo para las nuevas generaciones, demostrando que tradición y modernidad pueden convivir sin perder autenticidad.
Las paredes de La Morería también cuentan historias. El lugar funciona como galería permanente con fotografías captadas por el propio Terencio, imágenes que retratan la vida comunitaria, los colores de los trajes indígenas y la fuerza simbólica de las celebraciones populares. Así, el visitante no solo disfruta de la gastronomía, sino que se sumerge en una experiencia cultural integral.
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En poco tiempo, el café se ha convertido en un referente para quienes buscan algo más que un servicio gastronómico. Turistas, artistas y vecinos encuentran allí un espacio que reivindica las técnicas ancestrales, promueve el orgullo local y dinamiza la economía de la región.
Impulso institucional
Desde una perspectiva especializada, Erick Choc, promotor de turismo y gastronomía típica altaverapacense, destacó que este tipo de iniciativas cuentan con acompañamiento institucional para fortalecer su crecimiento.
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"Es fundamental apoyar a los emprendedores para que se den a conocer a través de instituciones como el Instituto Guatemalteco de Turismo (Inguat) y otras organizaciones nacionales e internacionales", señaló Choc.

Asimismo, resaltó que estas entidades brindan capacitaciones para la elaboración y mejora de productos alimenticios.
Añadió que los promotores turísticos también gestionan espacios en centros comerciales, parques y ferias de emprendedores, además de coordinar presentaciones gastronómicas dentro y fuera del departamento, con el fin de ampliar la proyección y comercialización de los productos locales.





