En Estanzuela, Zacapa, la centenaria tradición del comadrazgo sigue uniendo a las mujeres a través de un simbólico pacto de fidelidad y amistad, consolidando un legado cultural arraigado en el oriente guatemalteco.
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En el corazón de Estanzuela, Zacapa, el tiempo parece detenerse cada año para dar paso a una de las manifestaciones culturales más singulares y representativas del oriente guatemalteco: la tradición del "comadrazgo".
Con más de un siglo de existencia, esta festividad exclusiva para mujeres no es solo un evento social, sino un símbolo de lealtad que transforma la amistad en un vínculo sagrado, ante la mirada atenta de autoridades, estudiantes y vecinos que se congregan para ser testigos de este pacto de fidelidad.

La tradición, cargada de simbolismo, consiste en un intercambio afectivo: una de las participantes entrega a otra una torta de pan artesanal, elaborada con esmero, para luego quebrarle en la cabeza un cascarón de huevo decorado y lleno de confeti de colores.
Este gesto, lejos de ser un simple juego de carnaval, representa una señal de amistad perpetua y camaradería. Es el nacimiento de una relación que trasciende lo cotidiano, convirtiendo a las protagonistas en "comadres", un título que en esta región conlleva un respeto profundo y una responsabilidad mutua.

Raíces de libertad y resistencia
Según documentos históricos e información compartida por el antropólogo Milton Yzaguirre, el comadrazgo tiene sus raíces en una tradición de libertad que viajó desde los valles de América hasta el territorio centroamericano.
Históricamente, las festividades de carnaval permitían a las mujeres apropiarse del espacio público en una época donde los límites sociales eran estrictos. El "Día de las Comadres" representaba una de las pocas oportunidades anuales para que las mujeres se divirtieran sin restricciones.

El renacer de una costumbre
Aunque la actividad no pudo realizarse entre 2021 y 2023, en 2024 la tradición recuperó su esplendor público en el coliseo municipal. Vecinas como Marta Fajardo han sido pilares en este rescate. "Es satisfactorio volver a realizar este acto públicamente. Desde mi juventud he seguido esta costumbre que nos dejaron los abuelos; me he hecho comadre de muchas vecinas y, a mi edad, sigo firme para que la tradición no se pierda", relató Fajardo el día que se retomó este acto.

En la edición de 2026, la nostalgia y el compromiso generacional marcaron la jornada. La maestra Aurora Cabrera, reconocida como dama honorable, recordó que en su infancia la actividad se cumplía con un rigor casi místico: las comadres se turnaban la entrega de la torta durante siete años consecutivos para sellar el vínculo.
Para Cabrera, participar en este homenaje es una forma de instar a las nuevas generaciones a valorar sus raíces. Hoy, con la integración de estudiantes de primaria y básicos, Estanzuela asegura que el crujido del cascarón y el aroma del pan sigan siendo el lenguaje oficial de la amistad.





