La Iglesia El Calvario en La Antigua Guatemala no solo alberga arte sacro, sino también un monumento biológico histórico: el árbol de esquisúchil, plantado en 1657 por el Santo Hermano Pedro. Tras su colapso, expertos en botánica lograron rescatar y cultivar con éxito un vástago del ejemplar original.
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La iglesia de El Calvario, ubicada al final de la emblemática alameda del mismo nombre, representa uno de los puntos espirituales más significativos de la Ciudad Colonial.
Construida originalmente en el siglo XVII y finalizada hacia 1655, este recinto fue diseñado como el destino final de un viacrucis que emula la distancia exacta del recorrido de Jesús hacia el Monte Calvario.

Su arquitectura, que ha resistido los embates del tiempo y los terremotos, custodia no solo arte sacro de incalculable valor, sino también una conexión profunda con la vida del primer santo de Centroamérica.
En los jardines que rodean esta joya arquitectónica se encuentra un monumento vivo de gran fervor devocional: el árbol de esquisúchil, conocido popularmente como el "Árbol del Santo Hermano Pedro".

La tradición histórica narra que fue el propio Pedro de San José de Betancourth, quien plantó este ejemplar el 19 de marzo de 1657. Durante siglos, este árbol ha sido venerado por los fieles, no solo por su fragante floración, sino por representar la humildad y la labor caritativa del santo hacia los más necesitados en la época colonial.
Sin embargo, el paso de los años y el deterioro natural representaron una amenaza crítica para este patrimonio biológico.
En tiempos recientes, la comunidad guatemalteca recibió con pesar la noticia de que el árbol original, debilitado por su avanzada edad y las condiciones climáticas, sufrió un desplome estructural.
Este suceso encendió las alarmas de historiadores y botánicos, quienes veían con preocupación la posible pérdida definitiva de este símbolo vinculado directamente a la mano del Santo Hermano Pedro.

Recuperación
Afortunadamente, gracias a la intervención oportuna de expertos en conservación y botánica, el legado del "Canario de la Antigua" no se extinguió. Mediante técnicas especializadas de rescate, se recuperó y cultivó con éxito un vástago extraído del árbol original antes de su caída.
Este proceso de recuperación fue seguido de cerca por las autoridades eclesiásticas y de conservación, asegurando que la herencia genética del árbol plantado hace más de 360 años continuará firme en el mismo suelo sagrado.

Javier Quiñónez, conservador de La Antigua Guatemala, refiere que el monumento arquitectónico del Calvario guarda una historia y simbolismo religiosos para propios y extraños.
"El árbol de esquisúchil forma parte de la arquitectura natural, principalmente porque la especie es complicada su reproducción", explicó. Por ello, el Consejo Nacional Para la Protección de La Antigua Guatemala dispuso que se plantaran retoños del árbol en otros monumentos.
Hoy en día, este vástago ya se encuentra plenamente formado y fortalecido, creciendo como un árbol joven que simboliza la resiliencia y la continuidad de la fe en la región. Los visitantes que acuden a El Calvario pueden observar con admiración cómo la vida se abre paso nuevamente, manteniendo viva la memoria del Hermano Pedro.
Este esfuerzo de preservación garantiza que las futuras generaciones puedan seguir conectándose con la historia viva de La Antigua Guatemala a través de este emblemático árbol.




