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Carta a Jennifer Vásquez Alquijay

  • Por Soy502
02 de julio de 2014, 00:17
El cuerpo de la pequeña Jennifer fue encontrado a orillas de una carretera. (Foto: Nuestro Diario).

El cuerpo de la pequeña Jennifer fue encontrado a orillas de una carretera. (Foto: Nuestro Diario).

Pequeña Jennifer:

Supe de tí por primera vez una mañana de agosto en el año 2012. Recuerdo haber estado leyendo los medios locales: decían que a tus cortos 3 añitos tu vida se había esfumado como narración de cuento tenebroso. Una niña indefensa, dulce a simple vista, de mirada soñadora, así te veías en la foto que aparecía en la nota al pie de tu caja blanca.

Recuerdo que no pude permanecer indiferente. Tu muerte marcó -y a la fecha aún- una profunda marca en mi corazón. Lo recuerdo perfectamente porque mi hija también tenía 3 años en aquel entonces, igual que tú, y con el solo hecho de imaginar el calvario que sufriste, fue inevitable que llorara de dolor al pensar que pudiste haber crecido como mi hija.

Una desgarradora batalla por la custodia de la pequeña Jennifer fue la antesala de su muerte. Aquí, el padre de la niña llora sobre su ataúd blanco. (Foto: Nuestro Diario)
Una desgarradora batalla por la custodia de la pequeña Jennifer fue la antesala de su muerte. Aquí, el padre de la niña llora sobre su ataúd blanco. (Foto: Nuestro Diario)
En silencio pasé días pensando en tu dolor, porque en todos los medios se oía de ti, pensaba que tan solo pudiste haber estado jugando muñecas o montando a la bicicleta como cualquier niña de tu edad lo pediría.

No llores más Jennifer, límpiate las lágrimas porque no hiciste nada malo. Ahora eres un ángel en el cielo y desde lejos tu muerte has de lamentar, pero aquí a muchos nos has dejado una cicatriz en el corazón que con nuestra voz, en tu honor, nunca vamos a callar. Que tu memoria no se cierre como un libro, que tu nombre suene como dulce canción de cuna, que tu imagen quede como memoria viva, porque las niñas sólo merecen ser felices y jugar.

No te culpes más. No todas las mamás somos así, no sigas llorando porque tu dulzura a tan corta edad, ni una madre tiene el derecho de arrebatar. Tu condena fue sólo ser niña, ser parte de la vida de alguien más que no supo apreciarte y valorar. Se dice que cuando se pierde a los padres se es huérfano, pero cuando pierdes a un hijo, no tiene nombre, como no lo tiene lo que ese día -por tu madre- tuviste que pasar.

La madre de Jennifer Vásquez fue acusada y procesada por la muerte de la pequeña, de 3 años de edad. (Foto: Nuestro Diario).
La madre de Jennifer Vásquez fue acusada y procesada por la muerte de la pequeña, de 3 años de edad. (Foto: Nuestro Diario).
Pasaron los años, los meses y los días, y apenas vuelvo a ver tu nombre aparecer de nuevo a la luz, “Jennifer Vásquez Alquijay recibió 83 golpes en vida y 53 después de que murió… fue intoxicada con alcohol y otros medicamentos antes de morir golpeada por su mamá”; vuelve y revive el sentimiento de impotencia dentro de mi ser, quisiera pensar que no estabas consciente de esto, pero tu luz aún estaba allí.

Jennifer, tu muerte no ha sido en vano. Tú eres un ángel que brilla por muchas otras niñas que hoy sufren lo mismo que tú, en silencio, indefensas, sometidas y oprimidas, que por el hecho de ser niñas, no logran gritar todas esas pesadillas, pero tú nos has abierto el corazón, los ojos y la mente, porque no queremos que haya más Jennifers que sufran en silencio, que cambien las canciones por llantos, las muñecas por medicina y la risa por silencio.

Hoy que transito por la misma carretera en la que esa madrugada dos mujeres desalmadas te dejaron cual cordero llevado al matadero, arrebatando tus sueños, ilusiones e historias de princesas, pienso que para nosotros eres una heroína, porque en tu honor, hoy queremos que todos sepan que las niñas  solo merecer ser felices y brillar en su propia luz de inocencia para convertirse en mujeres fuertes y valientes.

Espero que desde el cielo nos veas, porque algún día les contaré a mis hijas quién eras tú, lo que en mi corazón dejaste y el compromiso que tengo yo con mis hijas, para resguardarlas, criarlas y amarlas para que ellas hagan lo mismos con sus hijos.

Jennifer, que todos los que lean esta carta eleven una plegaria al cielo por tí, por tus agresores, por quienes te robaron la luz antes de tiempo, porque tu historia no permitieron terminar, ni que fuera contada por tí misma. 

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